La comunidad estudiantil ha expresado de manera categórica la necesidad urgente de una transformación en la Universidad de Panamá (UP), confiándole al Dr. Eduardo Flores el cargo de rector. Este laboratorio social, para y por la juventud panameña, debe ser el fundamento sinérgico de la creatividad cultural y científica de nuestro pueblo, de manera que se constituya en un camino de desarrollo, equidad, paz y justicia.
La UP ha sido una cantera de tradiciones cívicas y nacionalistas; talladora del ser nacional para un proyecto de país, así como el abrigo de esperanza de nuestros jóvenes, para alcanzar un futuro de dignidad y sabiduría.
Cuando se fundó, en 1935, bajo la iniciativa de los doctores Harmodio Arias y Octavio Méndez Pereira, se hizo bajo la filosofía de ser conciencia crítica de la nación. Por ello, el Dr. Carlos Iván Zúñiga señaló en 2003: …“las universidades son repúblicas morales. En ese campo los rectores deben ejercer un magisterio trascendental. Es un ejemplo que nutre todas las arterias de la vida universitaria. Un rector moralmente correcto es respetado y es garantía de una universidad laboriosa y en paz. El estudiante ve en el rector honorable una guía espiritual insustituible y deseado. La estatua ‘Hacia la luz’ es la representación del rector, porque el buen rector no camina hacia las tinieblas donde impera todo lo negativo de la especie”.
Zúñiga destacaba que: …“la no reelección del rector obligaría a la primera autoridad a concentrarse en las labores académicas y a no caer en la tentación de desarrollar proyectos políticos que persiguen la continuidad en el cargo por períodos adicionales”. Para algunos profesionales de la educación universitaria, el Dr. Zúñiga recordó: …“sepulcros blanqueados, los intrigantes y los calumniadores profesionales puede ejercer la cátedra, pero no la ennoblecen porque carecen de limpieza en el alma y porque la envidia los deforma tanto sicológicamente, que en sus labios estrangulan la objetividad, el buen juicio y la verdad”…
La titánica tarea que tiene ante sí el Dr. Flores cuenta con un instrumento básico para avanzar y rescatar nuestra universidad en la dimensión ética, científica y académica. Esa fuerza se concreta en su humanismo, su compromiso contra la corrupción y el interés de cultivar en la juventud universitaria su histórica pasión por lo incognoscible, su amor por la patria y los valores éticos, libertarios y sociales. De allí, deberá desarrollarse un plan dirigido a lo ético, democrático, científico (que la investigación recobre su espacio vital), académico, a los gremios y asociaciones estudiantiles; en lo cultural, lo jurídico (transparencia), en el plano de la infraestructura y el control presupuestario. Además, hay que examinar, junto a docentes, estudiantes y administrativos, una educación centrada en la libertad y el compromiso, para combatir los vicios de la sociedad. De esta forma se generaría una conciencia protagónica de excelencia académica y de transformación cultural, social, económica y ética.
Todavía está fresco el recuerdo de Humberto Ricord, César Quintero, Ulises Pitti y Raúl Leis, docentes entregados a la dimensión social y académica.
