LA INVESTIGACIÓN SOCIAL CIENTÍFICA.

Una alternativa a las crisis

Todos los gobiernos de turno han intentado solucionar nuestros más graves problemas sociales mediante el nombramiento de comisiones. Sin embargo, pocos científicos sociales son llamados a participar en ellas, lo cual genera una fácilmente prevista dificultad, por no decir imposibilidad, de encontrar los caminos de la solución.

Es fácil concluir que ya nadie cree que las comisiones, especialmente si son integradas solo por políticos, generen algún estudio digno de ser puesto en ejecución para lograr el mejoramiento a los problemas de criminalidad, inseguridad y prestación de los servicios públicos.

¿Cómo se podría realmente conocer cuáles son las causas de la violencia, por ejemplo, sin saber de qué manera se debe conducir una investigación y cuáles son las variables a controlar? ¿Podría este esfuerzo terminarse en semanas o meses que dura el trabajo de las comisiones? ¿Creen los políticos que este es el procedimiento correcto para producir resultados fiables y útiles? ¿O más bien se trata del típico truco político para hacer ver que algo se está haciendo?

La prensa ofrece estadísticas sobre encuestas mediante la simple recolección y agrupación de datos cuando con esto no se logra nada si no lo vinculamos al mundo de la vida. Los problemas complejos como los que hemos confrontado en Panamá recientemente no tienen respuestas simples. ¿Cuáles son las investigaciones que se han ordenado para concluir que el aumento de las penas y el procesamiento del menor como adulto logre algún avance en el camino hacia la disminución de su criminalidad?

El aumento de la criminalidad e inseguridad ciudadana, el desempleo, los elevados índices de pobreza frente a los muy bajos de motivación y rendimiento en las escuelas, el desmembramiento familiar, la mala distribución de la riqueza, etc., generan fatalismo que no sabemos dónde nos puede conducir.

¿Cómo dar credibilidad y confianza a la función que todos estos factores cumplen si no existen investigaciones que lo corroboren científicamente? Los profesionales que estamos graduando, por lo menos en la Facultad de Derecho donde ejerzo la docencia, desconocen totalmente la metodología de la investigación. Por tanto, aplaudimos la iniciativa del decanato en promover la modificación del reglamento de trabajos de graduación para que podamos exigir que los profesionales egresados de la universidad oficial puedan generar conocimientos y no se dediquen a ofrecer simples copias o repeticiones con escasísimo valor.

Somos también fervientes críticos de la sustitución del trabajo degraduación por la recientemente aprobada práctica profesional, que si bien pudiera quizá promover el empleo en los graduandos, no supone ningún esfuerzo investigativo serio y formal. De allí que cada docente en su cátedra deba exigir que la investigación científica forme parte integrante de la docencia. Aun conscientes de lo limitado del tiempo para lograrlo, algún avance se lograría en la dirección correcta.

El derecho, como todas las ciencias sociales, es una profesión eminentemente práctica y su aprendizaje y enseñanza busca preparar a los estudiantes para el mundo de los asuntos prácticos. La investigación empírica, es decir, el descubrimiento de la forma como los individuos reaccionamos, es una actividad académica que se ha mantenido marginada.

Ante nosotros se presenta una gama inagotable de problemas que constituyen materia prima indispensable para la producción de investigaciones útiles que podrían generar soluciones. Mientras que los "trabajos de investigación" no encuentren soportes y generen hipótesis comprobables y refutables, no lograrán satisfacer un precepto científico básico de la comunidad académica. Los docentes somos responsables de esto, y los estudiantes de exigírnoslo, para elevar la estatura intelectual universitaria dentro de la comunidad académica.

Quienes no creen en la investigación sino en la reacción inmediata para acallar las críticas, promueven las iniciativas facilistas e inmediatas. No puedo cuestionarlos; lo que sí puedo es pedir que se dediquen esfuerzos y presupuesto a investigar y evaluar si las soluciones inmediatas tuvieron algún efecto o no. Esto solo se logra con una investigación científicamente aceptable. Investigación que no ignore el lado conductista de disciplinas importantes como la economía, la sociología, la ciencia política (de las que también debe erradicarse la excesiva abstracción y la separación entre teoría y los hechos de la vida cotidiana).

El problema no puede, finalmente, atribuírsele exclusivamente a los políticos, ya que los científicos sociales no nos hemos preocupado en explicar lo suficiente en qué consiste el procedimiento correcto para realizar una investigación, o en insistir que se le dé más importancia al tema en todos los espacios e instancias. Debemos, en consecuencia, promover el desarrollo de una cultura investigativa especialmente en las aulas universitarias, cuando el estudiante se encuentra maduro para dicha actividad y domina para ello los instrumentos necesarios. Este es nuestro reto.


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