Es difícil exponer públicamente los sentimientos personales, especialmente cuando uno ve a su alrededor tanta convulsión, pobreza y dolor, pero me quiero permitir la licencia, por lo que sobrepasaré mis penas y resquemores.
Hoy se cumplen 300 días de la partida de Fernando Antonio, mi sobrino. Cifra redonda y parece más que eterna...Ferni tenía únicamente 18 años cuando supimos que ya solo nos quedaría el recuerdo de su sonrisa. No estaba preparada para decirle adiós, no tuve la intuición para adivinarlo horas antes cuando estuve conversando con él de cualquier cosa en el internet, cuando en medio de bromas me contaba de su vida en la universidad, de los primeros meses de esa supuesta nueva etapa de su vida; solo tuvo tiempo de decirme que estaba muy contento de estar de regreso, de sentir el calorcito de su tierra, de sus tantos amigos y amigas, de su gente, de su adorada gente como le decía a los suyos. Fue como una ráfaga, como un rayo, no nos dio tiempo a despedirnos. No estaba preparada para este final intempestivo. Todavía contemplo sus fotos, miro con asombro sus dibujos, sonrío con ternura al leer sus poemas.
Me parece que fue ayer cuando nos tocó a la puerta la pesadilla, luego vino la incredulidad y la negación. De un golpe, la punzada en el pecho, las largas horas de espera en tres aeropuertos para llegar al calorcito de esa tierra que él tanto quería. Me parece ayer cuando vi por primera vez el rostro de Cuni en los ojos de Lourdes y Popo, y cuando volví a ver a Daniel en el eterno abrazo a Cocho y Sandra.
Han sido 300 días de larga ausencia pero una vez más, la vida, siempre terca, contradice nuestras pobres predicciones. Cuando menos lo imaginábamos, la risa y el entusiasmo nos volvieron a inundar. Nació AMANECERES.
¿Que es AMANECERES? Nada más y nada menos que una fundación de jóvenes para jóvenes, y sobre todo, una inspiración. Si hubiesen querido hacer la sumatoria de los tres amigos, la encontrarían en esta organización; es como si Ferni, Daniel y Cuni se hubiesen multiplicado y convertido en el casi centenar de muchachos ansiosos de trabajar para otros muchachos.
¡Cuánta energía despide esta joven fundación! Tiene el encanto de aquellos amaneceres en los que tantas veces se encontraron esos tres amigos, "para echarse cuentos, llenos de risa", para discutir ideas y proyectos, hablar de su música predilecta, de sus nuevas experiencias, también de sus frustraciones y decepciones; ellos compartieron toda esa vida y también unidos compartieron su partida.
No es poesía ni habladuría. AMANECERES brotó desde el fondo de los corazones de los padres, los hermanos, los tíos, los vecinos, los amigos y amigas, los parientes de los amigos y así, poco a poco, como ola expansiva, fue creciendo la idea y todos juntos no se dieron tiempo que perder. Conocidos, desconocidos, aquellos que fueron tocados en sus vidas por alguno de ellos tres, o que no los conocieron pero oyeron hablar de la bella sonrisa y del gran abrazo de oso cariñoso de Ferni, del calor humano de Cuni, del liderazgo y visión de Daniel, o se entusiasmaron con la idea, se presentaron y fueron bienvenidos pues el trabajo estaba a punto de comenzar.
FUNDACION AMANECERES, según expresan en su primer "manifiesto", tiene como misión fortalecer los valores, la autoestima y el liderazgo de la juventud. ¿Cómo lo van a hacer? Organizando a los jóvenes que estén dispuestos a donar su tiempo, poner a trabajar sus capacidades y transmitir su experiencia como guías o como líderes en un sinnúmero de actividades que serán realizadas en el centro o los centros que van a abrir para que los jóvenes adolescentes tengan a su disposición los recursos recreativos, deportivos, educativos y sobre todo motivadores, que les permitan desarrollar esa conciencia social, esa vocación de servir, que es la visión de AMANECERES. Esta organización de jóvenes para jóvenes que declara su decisión de impulsar entre los adolescentes los valores de solidaridad, tolerancia, compromiso, generosidad, disciplina y organización.
Hace un par de semanas más de 80 líderes vieron el amanecer de AMANECERES, y me contaron que había un lleno total, que era enorme la cantidad de voluntarios que asistió. Dicen los adultos presentes, que no fueron muchos, que casi se podía tocar la presencia de los tres amigos, reproducidos en los rostros y sonrisas de todos aquellos jóvenes que se apretujaron en aquel primer día de reunión.
Faltan 65 días más para que llegue el 24 de diciembre, día que marca el comienzo de este relato. Me imagino que para entonces tendremos más cosas que contar. Por ahora concluyo este escrito de una vez, solo que en esta ocasión las lágrimas brotan con sabor agridulce.
