El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, ha avivado la situación en Medio Oriente con su amenaza de renunciar a un nuevo mandato. Por una parte ha incitado al gobierno israelí a emprender una ofensiva embaucadora, para conseguir que el frustrado político de 74 años siga en el cargo. Por otra parte, Israel vuelve a extender sus tentáculos hacia Siria. Después de que los palestinos anunciaran que aplazan hasta nuevo aviso las elecciones previstas para enero, se estima que habrá tensiones sobre si Abbas dimite de inmediato como presidente palestino o si sigue en el cargo hasta la nueva convocatoria de las elecciones.
Hay pocas constantes en Cercano Oriente sobre las que uno pueda apostar seguro, pero una de ellas es que Israel anuncia su interés en las conversaciones de paz con la vecina Siria cuando las conversaciones con los palestinos están en un callejón sin salida.
El primer ministro israelí, el derechista Benjamin Netanyahu, ha dejado saber a la cúpula siria –según ella ha indicado– a través del presidente francés Nicolas Sarkozy, que Israel está dispuesto a reanudar de inmediato las negociaciones con Siria, pero al igual que con los palestinos, sin condiciones previas. De esta forma Netanyahu da a entender a los palestinos que puede manejar otras cartas. Abbas, enojado por el estancamiento en el proceso de paz, así como con el gobierno de Estados Unidos, anunció hace poco que no se presentará para un segundo mandato a las elecciones presidenciales palestinas previstas, en un principio, para el 24 de enero. Pero ahora surge la duda ¿fue todo una farsa porque Abbas ya sabía de antemano que las elecciones se iban a suspender? ¿O realmente va Abbas en serio y también va a dimitir como presidente de la mayor organización palestina, Al Fatah, y como jefe de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP)?
“Algunos dicen que lo deja todo y con ello queda un enorme vacío político”, señala Hafis Barguti, miembro del Consejo Revolucionario de Al Fatah. “Hasta la fecha nadie ha conseguido hacerle cambiar de opinión”, dijo.
Abbas de todos modos entrará en la historia árabe como el primer presidente palestino elegido en elecciones libres y democráticas que, libremente, deja el cargo tras una legislatura y no se aferra a su puesto hasta el fin de sus días. Sin embargo, el político veterano se ha dejado una pequeña puerta abierta: que haya “verdaderos avances” en las conversaciones de paz con Israel.
Para la cúpula palestina, Netanyahu no tiene interés alguno en el acuerdo de paz, sino sólo en un interminable proceso para impedir que irrumpa la violencia entre los palestinos y conseguir apaciguar las presiones del gobierno de Estados Unidos y de la Unión Europea. Netanyahu lo niega. Y acude a Abbas para intentar hacerle cambiar de opinión. “Creo que podemos lograr avances con Abu Masen (el nombre de combate de Abbas)”, dijo Netanyahu.
En Ramallah. sin embargo, ya se hacen planes con ambos escenarios: con y sin Abbas. Tras las suspensión de la cita electoral es posible que el Comité Ejecutivo de la OLP pida a Abbas que siga en el cargo hasta la nueva convocatoria de las presidenciales. El paralelismo con la situación vivida en 1999 es claro. Entonces el predecesor de Abbas, el fallecido líder Yasser Arafat, vivió una solución similar. “Si Abbas insiste en su marcha, entonces la OLP tendrá que asumir la responsabilidad de la Autoridad Nacional Palestina y construir una cúpula que gestione los asuntos administrativos diarios”, dijo un miembro de Al Fatah, que pidió no ser identificado.
A Israel le preocupa sólo que en caso de una marcha de Abbas, la organización radical islámica de Hamas más pronto o más tarde ocupe ese espacio político.