Sobre la andropausia

Debí de haberlo sospechado desde que abrí el diccionario y no estaba allí la palabra. En la Enciclopedia Británica no estaba lo que yo buscaba. Tampoco figuraba en el Larousse Infantil Ilustrado. La andropausia no existe.

La andropausia es una supuesta condición glandular que desarrolla el hombre maduro. Dicen que equivale a la menopausia femenina, aquel estado de calores, sudores, dolores y amargos humores que asaltan a la mujer apenas alguien se entera de que no tiene 40 años, como ella afirma, sino 10 más. Existe la versión infame de que a los hombres que alcanzamos el premio de montaña y empezamos el descenso hacia la meta también nos pasan cosas raras.

No podemos conciliar el sueño, nos duele todo al levantarnos y abandonamos el apetito sexual por otros apetitos como el drink de las 6:00 y el vaso de leche tibia al ir a dormir.

Serán la pereza, la dejadez o la jubilación, pero no la andropausia, porque no existe.

Un estudio científico realizado en Boston concluye que la fatiga, la transpiración, el desvelo y las tendencias depresivas de los cincuentones son producto de otras enfermedades, pero no de un proceso glandular.

Datos: en las mujeres la capacidad reproductiva declina de manera radical a partir de los 35 años, hasta alcanzar un punto en que se agota del todo.

En los hombres, no. Digan lo que digan las señoras sobre sus maridos, la capacidad sexual del hombre permanece casi intacta hasta los 80, pues disminuye apenas 1% después de los 35 años. ¡Sabios profesores de Boston! ¡Vosotros sí que sabéis la verdad! Estos sacrificados genios han descubierto que los niveles de testosterona se mantienen incólumes aun después de seis decenios de vida, y que es imposible aceptar que existe una condición masculina paralela a la menopausia.

Otras cosas afectan al varón –la situación del mundo, el precio de la gasolina, los virus de internet y la escasez de goleadores–, mas no las células sexuales.

Explica la sexóloga británica Amanda Craig que la andropausia fue inventada en los años 1930 como diagnóstico azaroso en la mitad de los hombres que superaban el medio siglo. Una enfermedad que solo afecta a uno de cada dos no es una enfermedad, es un azar.

El hecho de que sufra el macho ocasionales alzas de temperatura, transpire en forma copiosa, se queje de neuralgias o tenga un genio de perros, obedece a otras causas.

Quizás una variedad curiosa de la neumonía atípica o una gripa fuerte que se le pasará en pocas décadas. Pero andropausia, jamás.

¿Por qué las esposas detectan que después de cierta edad desciende el apetito sexual del varón, se muestra menos cariñoso con ella, poco dispuesto a retozos que a los 20 años le fascinaban y adopta actitudes de viejo verde con las muchachas de menos de 40 años?

La respuesta no está en él sino en su compañera. Dados los males que padece la cónyuge al cabo de cierta edad, resulta difícil pedir al marido que se comporte con el entusiasmo y vigor de otros tiempos.

En otras palabras, la andropausia es una enfermedad imaginaria que ataca a los señores casados con menopáusicas. No lo digo yo. Lo dicen los sabios de Boston.


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