Con varias manifestaciones multitudinarias organizadas por el Estado, la República Islámica de Irán celebró el martes su 30 aniversario. Sólo en la capital, Teherán, miles de manifestantes salieron a las calles para demostrar su solidaridad con la Revolución Islámica y, de paso, su oposición contra el “gran Satán y los sionistas”, una alusión a los enemigos acérrimos del país, Estados Unidos e Israel.
“Después de 30 años, la Revolución es tan dinámica como un adolescente de 15 años, y tan constante como una persona de 60”, señaló por su parte el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad. Sin embargo, millones de iraníes prefirieron quedarse en casa, ya que consideran que los comentarios del presidente son más retórica que realidad. La vida de la población iraní –sobre todo para el antiguo bastión de Ahmadineyad, la clase obrera– es cada vez más dura, con una tasa oficial de inflación del 30%, probablemente muchos más alta en estimaciones extraoficiales.
En el mismo lugar donde el gran ayatolá Ruhollah Jomeini acabó con la monarquía tras 2 mil 500 años de reinado y puso la piedra fundacional para la República Islámica, Ahmadineyad anunció que Irán se ha convertido en una “verdadera potencia mundial” en el tiempo transcurrido desde entonces. Al fin y al cabo, apuntó, Teherán cuenta ahora con los conocimientos necesarios para utilizar la tecnología nuclear y espacial, a pesar del aislamiento y las sanciones internacionales.
Tras la muerte de Jomeini en junio de 1989, su sucesor el ayatolá Ali Jamenei y los presidentes Akbar Hashemi Rafsanjani (2989–1997) y Mohammed Jatami (1997–2005) impulsaron un paulatino acercamiento a los países occidentales, en el que también se debían mejorar las relaciones con Estados Unidos tras tres décadas de enfrentamientos.
Pero la “primavera de Teherán” terminó de súbito con la llegada de Ahmadineyad al poder. Su política, que no consideraba el hacer compromisos en la disputa por el programa nuclear iraní, y sus diatribas contra Israel llevaron al país de nuevo al aislamiento.
“Pocos consideraban que el clero iba a seguir estando ahí 30 años después, pero también es cierto que el país sigue estando aislado a nivel internacional”, dice al respecto un diplomático occidental en Teherán.
Ahora, con la llegada de Barack Obama al Gobierno de EU, el Estado islámico intuye la posibilidad de salir de ese aislamiento. “Estamos dispuestos a mantener conversaciones, pero esas conversaciones deben realizarse en un ambiente de igualdad y justicia”, afirmó Ahmedineyad.
En los próximos meses, Obama quiere marcar pautas nuevas en su política frente a Irán. Pero ya para junio están programadas las próximas elecciones presidenciales, en las que Ahmadineyad tendrá que hacer frente a un antiguo rival. Con su candidato Mohammed Jatami, el antiguo presidente, los así llamados “reformistas” quieren hacer todo lo posible para alcanzar un cambio, como en Estados Unidos.
“Quizá viene también el cambio a Irán”, dice una persona cercana a Jatami. “Y si la persona de contacto ya no es Ahmadineyad, todo será más fácil”, agrega.
