En septiembre de 2009, la Misión Investigadora de Naciones Unidas sobre el Conflicto de Gaza (diciembre 2008–enero 2009), presidida por el juez Richard Goldstone, presentó su informe al Consejo de Derechos Humanos, en Ginebra. El informe sugería que todas las partes involucradas en ese conflicto cometieron crímenes de guerra.
El 1 de abril de 2011, el juez Goldstone publicó un artículo de gran trascendencia en The Washington Post (“Reconsiderando el Informe Goldstone sobre Israel y los Crímenes de Guerra”) que describe cómo los eventos, a partir de que el informe fuera presentado, lo llevaron a cambiar su análisis de partes cruciales del original.
La oración más importante de su artículo es la afirmación de que, en retrospectiva, su informe ante Naciones Unidas no debería haber llegado a las conclusiones que alcanzó en lo que se refiere a Israel. Goldstone escribió, “Si en aquel momento, hubiera sabido lo que sé ahora, el Informe Goldstone hubiera sido un documento diferente”.
Entre esas conclusiones, un tema clave, basado en investigaciones israelíes confiables, es que los civiles no fueron un objetivo intencional en cuanto a lo que fue la política, refutando, así una de las acusaciones más atroces contenidas en el informe. Goldstone continúa afirmando que, si en aquel entonces hubieran tenido esa evidencia, “probablemente hubiesen influenciado en nuestros hallazgos acerca de la intencionalidad y crímenes de guerra” por parte de Israel.
Otro acierto crucial se refiere al número de civiles muertos en Gaza durante la operación versus el número de combatientes. El informe, confiando en números exagerados y tendenciosos de fuentes palestinas y hostiles ONG, reportó que la mayoría de los muertos eran civiles. Sin embargo, Goldstone ahora llegó a la conclusión de que “los datos del ejército israelí han resultado ser similares a aquellos provistos, recientemente, por Hamas”, de manera que, la gran mayoría de las víctimas fueron, de hecho, combatientes, tal como Israel lo había dicho desde un principio.
Más aún, el artículo refuerza el derecho de Israel a la autodefensa, destacando que “Israel, como cualquier otra nación soberana, tiene el derecho y la obligación de defenderse a sí misma y a sus ciudadanos de ataques en su contra”.
El juez continúa elogiando la conducta de Israel desde la operación, destacando que Israel dedicó recursos significativos para investigar las acusaciones de mala conducta a nivel operativo en Gaza, y que implementó numerosos cambios de política, incluyendo la adopción por las Fuerzas de Defensa de Israel de nuevos procedimientos para proteger a los civiles en casos de guerra urbana.
El artículo contrasta fuertemente esta conducta de Israel con la de Hamas, considerando que Hamas cometió, y continúa cometiendo, “serios crímenes de guerra” contra Israel atacando con misiles a la población del sur de Israel. “Que los crímenes realizados (presuntamente por Hamas) fueron intencionales se da por sobreentendido –sus misiles tenían como blanco determinado e indiscriminado objetivos civiles”. El artículo castiga a Hamas, quien, a diferencia de Israel, no realizó ninguna investigación.
Mientras Goldstone lamenta la falta de cooperación israelí en la preparación del informe, presta su apoyo a una de las razones de Israel para sus acciones, la falta de imparcialidad por parte del Consejo de Derechos Humanos, destacando que “no se puede dudar del historial del Consejo de Derechos Humanos en su tendencia contra Israel”. El juez también menciona que el mandato de su misión, dictado por la mayoría absoluta de los enemigos de Israel en el Consejo, fue completamente parcial contra Israel.
El arrepentimiento del juez de su propio informe es una victoria moral para el Estado de Israel, sobre todos aquellos que lo utilizaban como base para seguir fomentando la campaña política de su deslegitimación en la arena internacional.
18 países votaron en su momento en contra del escandaloso e injusto informe. Dicha retractación de Goldstone pone un sello a la acertada posición de estos países, entre ellos Panamá.