“Todos los hombres serán hermanos”, la letra de la Oda a la Alegría del poeta alemán Friedrich von Schiller (1759–1805), convertida en himno oficial de la Unión Europea (UE), parece estos días nada más que una bonita aspiración voluntarista.
Así lo demuestran las luchas “eurofratricidas” que se libran entre bastidores en Bruselas y en las 27 capitales de la UE para designar al futuro presidente y al alto representante para la política exterior (y vicepresidente de la Comisión Europea), que dejará vacante Javier Solana.
Aunque la presidencia semestral sueca de la UE trabaja para lograr que en la cumbre extraordinaria de este jueves salga fumata blanca para la designación de los dos altos cargos, el ambiente que se respira es de tensión. El problema de fondo es el mismo que se plantearía ante la convocatoria de una apetitosa oposición pública, la que –en caso de aprobarse– garantizaría a los dos titulares un sueldo galáctico.
La remuneración de ambos sería comparable a la de un astro del fútbol (por encima de los 37 mil dólares mensuales), además de prestigio en el escenario político global, especialmente para el nuevo puesto de “presidente estable” de la UE. Por ello, muchos líderes quisieran “pasar a la historia”. En liza sigue como favorito el primer ministro belga, Herman Van Rompuy, seguido como fieles escuderos por sus homólogos de Holanda, Jan Peter Balkenende, y de Luxemburgo, Jean–Claude Juncker, los preferidos –en ese mismo orden– por Berlín y París.
A pesar de que el ex primer ministro laborista británico Tony Blair partía hasta hace pocas semanas como el único candidato (oficial) al puesto de presidente, ha sido defenestrado por sus colegas de filas socialistas y socialdemócratas en la eurocámara, donde son la segunda fuerza, tras el Partido Popular europeo.
Pero cuando parecía que Blair quedaría enterrado por su actuación proestadounidense en la guerra de Irak y debido a su discreto papel como mediador en Cercano Oriente, el primer ministro británico Gordon Brown se ha encastillado en una defensa de su colega ideológico, a quien considera “la mejor opción”.
Con la insistencia de Brown en favor de Blair se acaba de violar el reglamento tácito de los difíciles pactos europeos, según los cuales los socialistas y socialdemócratas aspiraban al puesto de alto representante y dejaban -por fuerza- el cargo de “presidente de la UE” para un conservador.
Pero más allá de la enorme cacofonía de este coro, subyace el hecho de que en esta “oposición europea” hay exceso de candidatos. Según el ministro finlandés de Exteriores, Alexander Stubb, están circulando “una veintena de nombres” para ambos puestos. Y aunque la presidencia semestral sueca (a modo de tribunal) se esfuerza en eliminar al máximo número posible, la cifra sigue siendo alta para sólo dos puestos.