La Habana anuncia que se acaba la cartilla de racionamiento, esa misma que debido a cierto pujo propagandístico denomina “libreta de abastecimiento”. ¿Pero se acabará el “no te toca”?
Tras medio siglo de vigencia y aunque de año en año más y más famélico, el cuadernillo llega a su glorioso fin para dar paso a un sistema superior de la economía. Ya que en Cuba, grosso modo cada quinquenio, se descubre un mecanismo para perfeccionar la economía y suprimir los errores y tendencias negativas. La economía isleña ya es tan perfecta que no precisa la cartilla.
Es verdad que algunos criollos se las van a ver canutas. Esos jubilados, y los vejetes aunque no estén jubilados, los enfermos y todos cuantos constituyen una carga para una sociedad que anhela eclosionar no tendrán otro remedio que apretarse el cinturón. Aunque si de veras son revolucionarios optarán por quitarse del paso vía suicidio y abrir campo a una juventud fidelista pletórica de sueños que llega pisando fuerte y reclama su lugar en este universo injusto. En todo caso, que manden otro SOS a Miami.
Adiós, pues, al maldito documento que sirvió para tanta publicidad negativa y tantos chistecitos contrarrevolucionarios como aquel en el que, al ir a comprar una camisa, el dependiente te miraba, miraba la libreta y decía “te toca, pero no hay”, en vista de lo cual decidías comprarte una camiseta, y entonces el dependiente te volvía a mirar, volvía a mirar la libreta y te decía “hay, pero no te toca”. Deliciosas pillerías socialistas.
Pero si bien desaparecerá la libreta o cartilla, no desaparecerá el “no te toca”. Y lo digo el 28 de enero de 2011, día en que los cubanos rememoran el natalicio de Martí. Hoy una cubana se declaró en huelga de hambre porque después de apelar inútilmente a todas las instancias gubernamentales para que escucharan un alegato en favor de su esposo, apeló a la instancia religiosa mayor y la instancia religiosa mayor de Cuba también la decepcionó, dejándola sin opciones.
Alejandrina García de la Riva, parte del grupo conocido como “Damas de Blanco” y esposa del preso Diosdado González, se había desplazado a la capital desde Perico, provincia de Matanzas, con la esperanza y la casi seguridad de poder ver a su señoría Jaime cardenal Ortega y Alamino y suplicar sus buenos oficios intercesorios por el destino de su marido injustamente encarcelado. Para que le dijeran, después de mucho aguardar, según relató ella misma a un programa radial de Miami (Ninoska en Mambí), la noticia de que su eminencia Jaime cardenal Ortega y Alamino no la podía recibir, abocándola a la huelga de hambre.
Cuando Cuba era española, la Iglesia en Cuba naturalmente era española. Y cuando Cuba decidió independizarse de España, la Iglesia en Cuba optó por seguir siendo española, lo cual le granjeó no poca ojeriza popular. Y a estas alturas del vaivén histórico la Iglesia en la isla continúa apostando por el caballo de Atila, no el que a la larga va a ganar. Si bien gracias a su política, aunque estuvo en un tris de desaparecer en determinados momentos, ahí sigue. Con cardenal y todo. Es decir, que en Cuba sigue habiendo un cardenal. Aunque a los cubanos no les toque.