¿A dónde irán a parar las cenizas del espíritu de la revolución de la cairota plaza Tahrir? ¿El sacrificio, la sangre, los entusiasmos, las utopías de aquellas manifestaciones sorprendentes por sus anhelos de libertad, por sus deseos de profundos cambios han sido inútiles?
El aplastante voto de la mayoría de egipcios que dieron el sí en el referéndum del sábado ha sido la derrota de los reformistas, de los liberales, de los jóvenes que soñaban un Egipto moderno, ligero de presiones religiosas y del estilo de vida tradicional.
También los cristianos coptos han salido malparados por el posible aumento de influencia que conseguirá el movimiento islamista moderado.
“Si votáis no –rezaba una consigna– significa que seguís a Estados Unidos y a El Baradei. Si votáis sí quiere decir que sois del Partido de Dios”. Solo 40 días después de la forzada dimisión de Mubarak, los egipcios se han contentado con unas enmiendas constitucionales mínimas, que no suscitan ningún entusiasmo a los que anhelaban cambios radicales, pero que permiten avanzar con rapidez en el proceso de “transición política” prometido por el poder militar para restablecer el orden quebrantado constitucional.
La Comisión Suprema Militar, que asumió la jefatura del Estado por encargo de Mubarak, debe fijar las fechas de las elecciones legislativas y presidenciales en los próximos meses. Este programa beneficia a las fuerzas establecidas, ante todo a los poderosos Hermanos Musulmanes, y también al Partido Nacional Democrático de Mubarak. Los que votaron no querían más tiempo, por lo menos un año, para organizarse y presentar sus candidaturas a estos comicios.
La Comisión Suprema Militar debe decidir, ante todo, si las primeras elecciones serán las legislativas o las presidenciales. Otro tema muy importante para reavivar la vida política ahogada por el régimen autoritario impuesto por Nasser en 1952 es la abrogación del estado de excepción.
Los Hermanos Musulmanes prohibidos pero tolerados tienen la intención de constituir un partido, Libertad y Justicia. La suspendida Constitución no permitía organizar un partido sobre base confesional. Los líderes de la oposición, las fuerzas vidas de la plaza Tahrir, quieren también formar sus grupos políticos.
Una de las medidas aprobadas en el referéndum establece que los jueces supervisarán las elecciones. Uno de los argumentos más empleados a favor del referéndum del sábado fue que permitía avanzar sin incertidumbres constitucionales hacia el restablecimiento del poder civil. El pragmatismo ha arrinconado las ilusiones de grandes reformas en las orillas del Nilo.