El 1 de noviembre de 1919, hace un siglo, dio inicio el movimiento rotario en la República de Panamá. En aquel entonces, nuestro país se convertía en el tercer país de América Latina (después de Cuba y Uruguay), donde se formaron clubes rotarios.
En ese momento, comenzaba a rodar esa rueda dentada, creando un camino que, en todo este tiempo, ha sido sinónimo permanente de servicio desinteresado por parte de muchas personas que han visto en el rotarismo la forma de trabajar para la sociedad, sin esperar a cambio recompensas ni favores. Simplemente impulsados por un compromiso que se contagia fácilmente entre todos quienes hemos tenido la oportunidad de formar parte de este movimiento.
Rotary nace en 1905, como una iniciativa liderada en Illinois por Paul Percy Harris, quien, con un grupo de amigos, comenzaron a reunirse regularmente, al principio con un objetivo social, evolucionando posteriormente a un grupo que trabajaba por la mejoría del entorno en que vivían. Hoy, casi ciento quince años después, hay en el mundo 35 milclubes, que agrupan más de 1.2 millones de “vecinos, amigos, líderes y solucionadores de problemas, que buscan crear cambios duraderos, a lo largo del mundo, de nuestras comunidades y en nosotros mismos”.
En todo este tiempo, el movimiento rotario se ha convertido en pilar de la lucha contra injusticias, necesidades y enfermedades en todo el mundo. El proyecto insignia del rotarismo mundial ha sido, desde finales de los setenta, la erradicación de la poliomielitis en el mundo. En el momento en que se lanzó el proyecto, ocurrían 350 mil casos anuales en todo el mundo. Después de un intenso programa que ha representado no solo recursos financieros, sino muchísimo tiempo de voluntarios, y con el apoyo de otras organizaciones, se ha logrado reducir en un 99.9% el número de casos anuales. Actualmente, solo Pakistán y Afganistán tienen aún casos esporádicos y se espera, en un futuro cercano, poder declarar erradicada la enfermedad del planeta.
Pero en Panamá, el movimiento rotario también ha crecido mucho desde cuando Harmodio Arias Madrid tomara posesión como el primer presidente del Club Rotario de Panamá. Actualmente, contamos con quince clubes en todo el territorio nacional, en los cuales participan más de cuatrocientos socios que desarrollan programas para mejorar el entorno y la calidad de vida de nuestro país.
Durante todo este tiempo, han sido muchos los proyectos que podemos mencionar como ejemplo de los éxitos del rotarismo panameño. Sin ánimo de dar preferencias a unos sobre otros, echo mano de memoria para mencionar algunos. El banco de marcapasos, en coordinación con la fundación Heartbeat International, ha permitido adquirir cientos de estos dispositivos para ser usados en personas de escasos recursos que, de otra manera, no hubiesen podido recuperarse de enfermedades cardiovasculares. Múltiples proyectos de acueductos y alcantarillados, han permitido llevar agua potable a regiones apartadas. La Fundación Obsequio de Vida ha desarrollado programas de cirugía cardiovascular infantil. Del mismo modo, la sala de quemados del Hospital del Niño ha sido otro de los proyectos donde el rotarismo panameño ha tomado la batuta para lograr implementarlo.
Pero no todo se ha limitado a programas relacionados con salud. Durante más de veinticinco años, la Liga Infantil de Fútbol, organizada inicialmente en la ciudad de Panamá y luego a nivel nacional, permitió el desarrollo del fútbol de la mano de programas de educación y valores para los miles de niños que participaron de ella. Por “la rotaria” -como le llamaban los muchachos- pasaron muchos de los jugadores que nos llevaron a nuestro primer mundial en Rusia.
Otro programa insignia del rotarismo panameño ha sido el Seminario Honor al Maestro, en que se capacita a maestros de todo el país en técnicas de enseñanza y pedagogía. Sin embargo, para quienes hemos podido participar de este maravilloso intercambio, es mucho más lo que hemos podido aprender de esos maestros que, trabajando casi sin recursos, año tras años nos han dado lecciones de vocación y compromiso con su función de formar mejores ciudadanos.
Pero, lo más grandioso del movimiento rotario, para quienes hemos tenido el honor de participar de él, es la posibilidad de cosechar excelentes amistades, y compartir con personas quienes, de no ser rotarios, tal vez nunca hubiésemos tenido la suerte de conocer.
Así, después de cien años de esfuerzo, trabajo y compromiso, podemos decir que los rotarios panameños seguimos como el primer día, con ese compromiso permanente de “dar de si, antes de pensar en si...”
El autor es cardiólogo
