No es esta la primera vez que hemos dedicado esta página, escrita por nos (¡qué clásicos amanecimos hoy!) a la capital atlantiquense, que como ya lo hemos dicho, tantos recuerdos imperecederos despierta a cada rato en nuestra conciencia.
Fue el 27 de febrero de 1852 cuando Don Victoriano de Diego Paredes colocó la primera piedra del edificio de mampostería que sirvió como el escenario de dicha celebración.
De manera que fueron 48 años los que cumplía en 1900, 148 en el año 2000 y 11 años después llegó a 159.
Mas el envejecimiento que nos ocupa hoy no ha estado acompañado de todo lo bello que se despierta con esa vetusta edad.
A Colón se le ha abandonado y eso nunca ha debido ser así. La segunda ciudad de la República debía haber conservado su situación, ya que la impresión que hoy se llevan quienes hasta sus playas llegan no es la más favorable que se puede imaginar.
Que vuelvan todos los esfuerzos, así no parezca tiempo perdido para volverla a transformar.
El de Aspinwall, nombre con el cual Don Diego Paredes inútilmente la quiso bautizar, se ha quedado atrás, pero mucho más que atrás.
Y a propósito, ¿de dónde vino lo de Aspinwall?, pues del apellido de uno de los zapadores de la comunicación interoceánica.
Mas la República de la Nueva Granada, y de manera especial su población, no aceptó lo anterior.
El gobierno prohibió lo de Aspinwall, toda correspondencia, carta, encomienda o paquete que estuviese dirigido con ese nombre no se iría a entregar.
Y el apellido Colón prevaleció –y seguimos creyendo que fue la mejor determinación–.
Hoy les vamos también a hablar de una serie de edificios que en gran parte también identifican a Colón y que no han sido conservados tal como debía ser.
Tenemos primero que todo el frente del viejo edificio de la estación del ferrocarril. De allí fue trasladado a Cristóbal.
Le sigue el primitivo edificio del Cuerpo de Bomberos de Colón, en la esquina de la Calle 17 y la Avenida Central. En su terraza se celebran bailes muy concurridos.
También está el edificio de la Gobernación, hoy dedicado a otros usos. Después les traemos el obelisco erigido en honor a los constructores del ferrocarril transistmeño, situado en el patio del Hotel Washington en la misma localidad.
Y ahora sí, para finalizar, está la estatua de Cristóbal Colón inaugurada el 27 de octubre de 1870. La ceremonia contó con la presencia del general Esteban Correa, presidente del Estado; del obispo de la Diócesis, Ignacio Antonio Parra. También en esa misma fecha se instaló el primer cable submarino que conectó a este istmo con el exterior.
La estatua fue obsequiada en 1866 por la emperatriz francesa Eugenia de Guzmán, condesa de Montijo. Por cierto que la estatua estuvo en un rincón de un depósito por seis meses.
Y ahora para terminar nuestra frase de hoy de la inspiración de Franklin P. Jones: “Lo malo de ser puntual es que no hay nadie allí para apreciarlo”.
