[FLAGELO]

Las claves del hambre

El mayor reto que existe para la ciencia no es el de explicar el universo. No, al menos, si entendemos el conocimiento científico como un medio de que dispone nuestra especie para adaptarse a las condiciones del ecosistema. Y la dificultad a tal respecto –el problema gigantesco– es cómo alimentar una población que alcanzará los 9 mil millones de seres humanos en el año 2050.

Nuestra especie es una excepción dentro de la norma que impera entre los primates. Los monos abundan, cierto es, pero alcanzan un número ridículo frente a los humanos. Los simios se cuentan sólo por miles, en el más afortunado de los casos. Pues bien, ¿cómo es posible que nosotros, simios también al fin y al cabo, añadamos cinco o seis cifras a la población existente? La respuesta la conocen todos: es la cultura la que llevó, hace un suspiro si hablamos en términos evolutivos, a la masa actual que nos abruma. El hambre tiene una historia que se cuenta mejor por medio de siglos que utilizando una escala de centenares de miles de años.

La cultura también es artífice de los métodos, los cálculos y los modelos de la ciencia. Con ese bagaje en la mano, enfrentarse al hambre es difícil pero no imposible. Es esa la conclusión que saca una de las revistas científicas más importantes que existe, Nature, en un número reciente, a través de un informe que intenta desmontar tópicos y ofrecer soluciones. En contra de la idea maltusiana, no es el crecimiento de la población la mayor amenaza de ahora mismo: la extrapolación apunta a que a mitad de siglo se habrá alcanzado un número de seres humanos tirando a estable alrededor de esa cifra de 9 mil millones de almas. El problema es cómo darles de comer.

El año pasado había mil millones de seres humanos sufriendo hambre eterna, pero no es África el continente con mayores apuros. Es en Asia donde se acumula mayor cantidad de famélicos. Otro tópico puesto de manifiesto por Nature se refiere a la manera como crecen las dificultades. Pese al crecimiento constante de población, el número de calorías a disposición de los más desamparados fue en aumento hasta 2008. Si hace 40 años una cifra superior al 30% pasaba hambre en los países en desarrollo, ese número se había reducido a la mitad en este siglo. Pero la crisis económica que sufrimos, con la subida de precios de los alimentos, ha invertido la tendencia. El hambre crece hoy.

¿Cómo combatirla? Ahí está la dificultad. Y no porque no pueda hacerse. Sólo con evitar el despilfarro en Occidente, un tercio de los productos necesarios quedaría disponible. Pero no sabemos cómo cambiar nuestros hábitos derrochadores. Y aunque la tecnología sea capaz hoy por hoy de terminar con el hambre, la necesidad de más tierras de cultivo es una amenaza para otros recursos imprescindibles como son el agua o los bosques. Así que está muy claro. La revista Nature no lo dice pero es probable que los problemas de nuestra especie vengan no tanto de nuestro número como de nuestra avaricia y nuestra estupidez.


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