Llegó la hora de la verdad para los venezolanos. Todos los estudios de opinión, incluidos aquellos que levantan serias dudas sobre su rectitud de propósitos e independencia, señalan tendencias francas y crecientemente negativas con relación al Gobierno, un deslizamiento de la mayoría hacia la oposición y un segmento que quizás aún no sepa cómo votar, pero que sí tiene claro por quién no lo hará.
El rechazo al régimen se hace irreversible. Quienes se van del oficialismo no regresan ni regresarán. En ellos la frustración es enorme, especialmente entre los más pobres y desposeídos.
Allí existió la mayor esperanza. Una suerte de fe de carboneros con relación a un Hugo Chávez que está hoy muy por debajo de las expectativas. Todo un fraude convertido en Presidente, sin excusas políticas o económicas que puedan justificar su fracaso, descubierto por propios y extraños. Con poco margen de maniobra y la cuenta regresiva de su ilegítima presidencia acelerando su marcha.
Además de estudiarlo en las investigaciones de opinión, esos sentimientos están a la orden del día en el país y en todos los estratos sociales, ricos y pobres, jóvenes y viejos, hombres y mujeres. En fin, el ciudadano común no se quiere seguir calando una situación agravada por gobernadores, alcaldes y diputados chavistas bastante inútiles, generadores de corruptelas y desviaciones imperdonables, mientras los problemas se multiplican. En líneas generales, esta es la visión que nos deja un recorrido por el país, especialmente por las zonas más afines al oficialismo.
A pesar de la violencia física e institucional del oficialismo, la oposición cuenta con la mayoría de los electores. A pesar de la grosera ventaja, del abuso del dinero de todos los ciudadanos, de la desviación de las actividades de empresas fundamentales del Estado, de las presiones y amenazas a obreros y empleados, mediante una represión abierta o encubierta, la oposición avanza en buena lid.
El reto es convertir esa voluntad en votos concretos, y esos votos en diputados suficientes para controlar la próxima Asamblea Nacional. Algunos analizan alegremente la posibilidad de que el Gobierno con minoría en el voto nacional obtenga mayor número de diputados en la Asamblea. Pareciera no importarles lo contra natura de una posibilidad que violenta el principio constitucional de la representación proporcional, y dejaría viciado el proceso por la vía de la ilegitimidad.
Tenemos que prepararnos para todo. La Mesa de la Unidad Democrática ha cumplido un buen papel. Pero lo que se ha logrado hasta ahora tiene que trascender lo electoral y convertirse en un gran movimiento de Unidad Nacional para sostener y defender la democracia y la vida en libertad de nuestro país frente a quienes la liquidan para sustituir la República por un Estado castro-comunista que el pueblo rechaza.