Medidas sanitarias

Covid-19 y la necesidad de mejorar la educación panameña

La pandemia ocasionada por el virus SARS-CoV-2 ha tenido un impacto global severo con repercusiones inmensurables a nuestra vida cotidiana. En Panamá, el impacto ha sido tal que se han implementado diversos tipos de medidas con la finalidad de disminuir la tasa de transmisión del virus. Sin embargo, estas medidas son tan eficaces como la ejecución de las mismas por parte de la población, por lo que el papel que juega la población en el éxito del control de la pandemia es clave. Dado esto, se necesita tener una población que entienda la importancia de las medidas impuestas y que sepa comprender que dichas medidas son temporales y necesarias para su propio bienestar. ¿Tenemos esto en Panamá? Lo dudo mucho.

Por supuesto que la falta de respeto ante las medidas de control mostrada por la población panameña tiene múltiples orígenes. Las razones pueden catalogarse en dos tipos: económicas y no económicas. Las razones económicas parten del hecho de que, a pesar de ser una nación con altos ingresos, tenemos niveles de pobreza injustificablemente altos. De hecho, si nos comparamos con Chile, otro país de la región con un PIB per cápita similar al nuestro, la diferencia en los niveles de pobreza es grande (22.1% en Panamá versus 8.6% en Chile, según las cifras más actuales del Banco Mundial). Hasta cierto punto, las personas que han incumplido con las medidas de control debido a la necesidad que genera la pobreza tienen algo de justificación, ya que su supervivencia depende de pequeños ingresos diarios. Quien no tiene justificación en este caso es el Estado panameño, debido a su incapacidad de mejorar el estatus de vida de sus ciudadanos.

Ahora bien, las razones no económicas parten de dos hechos: capricho o ignorancia. Cuando se trata del incumplimiento de las medidas producto del capricho, el fundamento de dicho comportamiento es un asunto cultural, por lo que es un problema profundo y difícil de resolver.

No obstante, si el desacato estriba en la ignorancia, el problema es controlable y tiene su remedio en la educación. Dicho esto, ¿qué se puede esperar de un país que en la última prueba PISA (2018) se posicionó en la casilla número 74 de 79 países participantes? ¡Qué vergüenza! En esta misma prueba, Chile ocupó la posición número 46 y fue el país de Latinoamérica que mejor desempeño tuvo. ¿Será por esto que Chile tiene un índice de pobreza mucho más bajo que Panamá y que, a pesar de tener una población 4.5 veces más grande que la nuestra, comenzó a bajar la cantidad de casos de la Covid-19 desde aproximadamente la mitad del año y los ha mantenido relativamente bajos y estables desde entonces? No sé, pero este hecho nos deja mucho en que pensar.

La educación pudo haber mejorado nuestro manejo de la pandemia actual, ya que una población educada es capaz de poner sus prioridades en orden. Priorizar debe ser tan sencillo como comprender que salvaguardar nuestra propia vida es más importante que “hacer un parking”.

Además de esto, una población educada sabe elegir a sus líderes políticos y pone en el poder a aquellos quienes estén dispuestos a continuar invirtiendo y apostando a la educación; en lugar de aquellos que llegan cada cinco años con una bolsa de comida a pedir el voto. Además de mantener educado al pueblo, líderes políticos aptos utilizarían recursos del Estado para tener a personas capacitadas encargadas de prever y preparar al país para enfrentar crisis como la que nos está golpeando hoy. De este modo, tendríamos medidas preventivas listas para ejecución, en lugar de “andar en corredera” y tener que desarrollar medidas correctivas justo cuando surge un problema.

Llegó el momento en el que tener una población educada nos hubiese beneficiado enormemente y no estábamos preparados. A ver si aprendemos de esta...

El autor es magíster en Ciencias Forestales y estudiante de Doctorado en Ciencias Forestales

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