Mientras Washington y el país se extasiaban el martes ante la toma de posesión del primer presidente afroamericano, las acciones de Wall Street perdían más de un 4% del valor, la mayor caída en una jornada inaugural desde que existe el índice Dow Jones.
Como decía un comentarista de la radio pública NPR, el contraste entre la burbuja de la obamamanía y la realidad de la economía de este país es abismal. Algún día puede pasarle factura.
Estados Unidos lleva un año sumido en la peor recesión de las últimas décadas. Nadie, ni los economistas ni los políticos, está seguro de cuánto durará. La tasa de paro supera el 7% –un nivel elevado para EU– y puede seguir subiendo. Los estadounidenses ven cómo el precio de sus casas cae y tienen dificultades para pagar la hipoteca. A las empresas les cuesta obtener préstamos para financiarse. Los bancos acumulan pérdidas y reclaman más dinero del Estado, después de haber recibido miles de millones en otoño. The Wall Street Journal citaba ayer la posibilidad de la nacionalización de grandes entidades financieras. Será difícil que los planes del Presidente para reactivar la economía funcionen enseguida. Lo más probable es que en los primeros meses de la era de Obama las cosas empeoren.
No es un invierno del descontento como el que en 1979 llevó a Margaret Thatcher a Downing Street. En palabras de Obama, “es el invierno de las penurias”. Así lo dijo en el discurso inaugural, y ayer la administración Obama empezó a ofrecer indicios de a dónde quiere ir.
La única medida económica firme anunciada es anecdótica, pero de alcance simbólico. Obama congeló el sueldo de los empleados de la Casa Blanca que ganen más de 100 mil dólares anuales. No es comparable con Franklin Roosevelt, que al llegar al poder en 1933 rebajó el sueldo de los funcionarios. Pero es una señal: la nueva administración también se apretará el cinturón.
El Congreso ha empezado a negociar un plan de inversiones públicas y rebajas fiscales de 825 mil millones de dólares. Son medidas contundentes.
El problema es que los estadounidenses tardarán en notar los efectos de las medidas.
