Quizás el mejor verso para celebrar el 40 aniversario del diario La Prensa sea ese de Neruda, del poema número 20, que encierra una gran lección sobre vida, amor y tiempo: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Ni los que leen La Prensa, ni son los mismos los que la escriben.
Celebrar que un medio de comunicación cumpla 40 años tiene que ser motivo de alegría, y más si nació durante una dictadura y se ha mantenido bregando mientras daba cuenta de la muerte de dictadores, de invasiones injustas, de recuperación de la soberanía, de corrupción. La Prensa ha estado allí informando, desde su punto de vista, sobre los hechos que nos han convertido en el país que somos.
Uno de los fundamentos de la democracia es la libertad de expresión y la defensa del derecho a la información. Nos engañamos si creemos que unos merecen hablar más que otros, debilitamos la democracia si pensamos que unos siempre dicen la verdad y otros mienten siempre. En mi casa de juventud la costumbre, en los buenos tiempos, era comprar todos los periódicos, oír todos los extremos del debate.
Los que temen la verdad y sus consecuencias, secuestran, amordazan y distorsionan la libertad de informar y el derecho a mantenerse informado. Los entusiastas de la ignorancia, “en pocas palabras” (nunca estaré más cerca de Guillermo Sánchez Borbón que en esta columna, tomándole prestado el nombre de la suya), volverán a cerrar periódicos, acusar periodistas y forzarlos a la autocensura.
Habrá que seguir informando, cuarenta años más, pase lo que pase. Los que no se alegran por estos años de periodismo, son los que prefieren el silencio de unos y la impostura de otros. A eso se le llama dictadura, y no hace falta que se ejerza vestido de militar.
En pocas palabras, seguiremos trabajando libres, seguiremos escribiendo a conciencia para no ser los de entonces, para no ser necios, ni cobardes, ni cómplices.
El autor es escritor
