Como podemos ayudar

Cuarentena y el riesgo de suicidio

En lo que de otro modo se llamarían circunstancias “normales”, las personas que tienen pensamientos suicidas o riesgo de suicidio tienen mucho en mente, ya sea producto de situaciones reales o percibidas. Esta pandemia global ha agregado una dimensión completamente nueva, acumulando una serie de otros pensamientos y consideraciones, esta vez compartida con el resto de la población. El efecto combinado de los cuales hace que una situación ya difícil sea aún más difícil de manejar aumenta significativamente el riesgo para estas personas.

Algunos de los riesgos de la conducta suicida son sentirse solo, que no pertenece, ser una carga para otros, la presencia de alguna enfermedad de salud mental o física, lo que produce sufrimiento emocional y niveles elevados de estrés y ansiedad.

Por su parte, algunos de los principales impactos de la cuarentena afectan directamente a estos factores de riesgo, como por ejemplo, el aislamiento, el aumento de la ansiedad, la preocupación por la seguridad económica y el poco o ningún acceso a tratamiento o medicamentos, entre otros.

Al estar en cuarentena estamos literalmente aislados y las personas en riesgo suicida lo están emocionalmente también. Muchos sienten que son una carga para familiares y amigos y que no pertenecen, por ende, están solos. El que literalmente estemos separados puede incrementar esta experiencia o servir de prueba que todo lo que habían pensado era verdadero. Unido a esto pueden tener creencias que no se debe compartir lo que se siente o piensa. Ya sea porque temen ser rechazados por quienes los escuchen o porque han aprendido que de las emociones no se habla. Por último, el sentimiento de no pertenencia les hace creer que a nadie le importa lo que ellos están atravesando. Todo esto aumenta el riesgo, porque hace que la persona se aparte más emocionalmente.

Las enfermedades de la salud mental son un riesgo para la conducta suicida, así como las enfermedades físicas crónicas, porque hacen que la persona experimente incomodidad y sufrimiento por periodos prolongados, lo que a su vez causa cansancio y desesperanza. Si a eso le unimos la vergüenza que produce ser diagnosticado debido al estigma y los prejuicios que tiene la sociedad frente a las enfermedades de la salud mental, podremos entender que las personas se sientan muy abrumadas con esta experiencia. En estos momentos las cosas se complican aun más porque muchos centros de salud y policlínicas han cerrado, lo que disminuye el acceso a tratamientos y dificulta la obtención de medicamentos. Debemos sumar a esto, que debido al alto contagio del coronavirus, se hace difícil referir a los pacientes de riesgo alto agudo a las salas de urgencia.

Otro gran impacto, es el alto nivel de estrés y ansiedad que se experimenta en estos momentos de incertidumbre y riesgo de contagio. A una persona que ya estaba agobiada y cansada por todo lo que venía experimentando, se le suma el estrés y la ansiedad del momento en el que vivimos y se puede llegar a sentir devastada y aumentar la desesperanza.

No todo es malo y tenemos muchas maneras para poder apoyar.

1.Manténgase en contacto. Algo positivo del momento en el que estamos es que tenemos muchas maneras de mantenernos en contacto con nuestros seres queridos. Una llamada, video llamada o hasta un chat que mande un mensaje de “estás en mi mente, te quiero y me importas”, puede cambiar como se siente una persona en riesgo.

2. Abra el espacio para conversar sobre las emociones. Todos estamos sintiendo una gran gama de emociones; esta es una buena oportunidad para dejar saber que está bien hablar de ellas, sentirlas y que podemos manejarlas.

3. Sea empático. Cada persona vive la experiencia de manera diferente, no lo critique, trate de entender desde el punto de vista del otro y si nota que la otra persona está muy negativa o en riesgo, ayúdele a ver otras opciones creando curiosidad. Por ejemplo, ¿habrán otras opciones que ahora no estas pudiendo ver?

4. Ayude a la persona a conectarse. Muchas personas en riesgo tienden a aislarse porque se sienten muy abrumadas o porque piensan que a nadie les importa. Si nota que la persona está muy abrumada, no le insista que hable, solo el acompañarla es suficiente. Esté disponible para cuando sea el momento correcto para ella.

5. Sea compasivo. No todos tenemos los mismos privilegios. Una manera de apoyar es donando medicamentos a quienes no los puedan pagar. Ofrecer terapias a bajo costo o solo el hecho de abrir un espacio de escucha activa. También se puede ayudar con comida o hacer mandados que a la persona le pueda causar ansiedad.

6.Promueva el pensamiento positivo. Después de haber escuchado la experiencia de la otra persona, ayúdela a ver qué cosas positivas tiene en su vida.

7. Ayúdelo a conectar con su espiritualidad. Para muchas personas la fe es un factor protector importante. Por esta razón las comunidades religiosas han mantenido sus rezos de manera virtual, para brindar este apoyo espiritual a sus congregantes.

Con toda la incertidumbre, las preocupaciones y el aislamiento, unido a una historia de sufrimiento emocional, el riego de suicido puede aumentar. Si usted teme que su ser querido se encuentra en riesgo:

1.Pregunte: está comprobado que preguntar no aumenta el riesgo, si no que lo disminuye abriendo el espacio para conversar, desahogarse, encontrar otras opciones y a quienes escuchan les permite poder saber lo que ocurre y ayudar.

a. ¿Estás pensando en suicidio?

b.¿Qué sientes/qué piensas?

2.Escuche: necesitamos escuchar todo lo que la persona esta pensando y sintiendo, para poder entender y luego ayudar a buscar otras opciones. Trate de entender qué la hace sufrir emocionalmente y también qué la une a la vida.

3.Manténgala segura: la mejor manera de mantener a una persona segura es acompañándola y apoyando en los momentos de crisis. Otra importante es quitando todo método letal. Ambas juntas permiten poner tiempo y distancia frente al deseo de morir. Sabemos que las crisis de riesgo suicida son temporales, por lo que esto puede hacer toda la diferencia.

4.Hagan un plan de seguridad: cuando las personas estamos alteradas, la capacidad de reflexión disminuye, por esta razón el hacer un plan de seguridad en momentos de calma suele ayudar a la persona en momentos de crisis. Los planes de seguridad incluyen: cuáles son las cosas o situaciones que activan el deseo de morir, qué estrategias me han ayudado o me pueden ayudar a sentirme mejor, qué me ayuda a distraerme de lo que estoy pensando en este momento, a quiénes puedo llamar para que me apoyen, qué me hace sentir más segura, qué razones tengo para vivir.

5.Mantenga la conexión: el sentirse conectada con alguien y parte de algo, ayuda a la persona a sentirse más esperanzada y con menos sufrimiento psicológico.

Es cierto que estamos viviendo momentos difíciles y que todos estamos siendo impactados por la experiencia, pero también es cierto que si nos unimos y apoyamos, tendremos mayores posibilidades de salir fortalecidos.

La autora es psicóloga

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