[PANORAMA CRÍTICO]

El ‘curalotodo’ de Obama

EU, por su mala costumbre de gastar más de lo que gana y por la demagogia de querer que tuvieran vivienda quienes no la podían pagar, cayó en una crisis de financiamiento.

“Desde que Pitágoras vendía periódicos”, me recordaba a cada rato mi padre, que era un lince para los números, “dos y dos son cuatro”. Algo tan elemental, sin embargo, parece encontrar una resistencia insalvable en las entendederas de innumerables personas. He dado con quienes la suma les arroja tres, o cinco, o 22.

Menos mal que ahora tenemos en el mazo a un tipo que se las sabe todas y está dispuesto a jugarse el todo por el todo con tal de cambiarlo todo, como en su campaña prometió que haría. (Aunque algunas cosas en este país no habría que cambiarlas nunca porque están requetebién y, muy por el contrario, lo que habría es que echar rodilla en tierra para impedir que las modificaran).

Ciertamente existen peligros en dar carta blanca a sujetos que vienen al cambio por el cambio o con la monserga de que el cambio ya resulta imprescindible porque aburre lo anterior sin haber explicado nunca en qué consistirá.

En puridad de verdad, dos peligros acechan como consecuencia:

1. Que sean cambios gatopardinos, es decir, aquellos en que se cambia todo para que todo continúe siendo lo mismo, como los que logró la mafia rusa salida del Kremlin tras caer el muro. (Con lo cual la gente sigue ansiando los cambios).

2. Que terminen en cataclismo como los que provocó un joven carismático y supuestamente bien intencionado, Fidel Castro, en la joven y próspera república cubana, hasta que la convirtió en eso de lo que pica el pollo con el cuento de que le iba a devolver la democracia más completa.

Ahora en Estados Unidos se diría que estamos más cerca de esta última posibilidad. Porque planes ambiciosos, de suyo difíciles de manejar por sus volúmenes y riesgos inherentes, se lanzan con una festinación que mete miedo.

Es como si al que se pegó una cogorza por mezclar cerveza y vino con grandes cantidades de vodka, tequila y menta, medio muerto como queda de la cefalea, repugnado y regurgitando, casi sin poder moverse, le das para aliviarle los malestares una botella de ginebra. ¡Oye!

El país, por su mala costumbre de gastar más de lo que gana y por la demagogia de querer que tuvieran vivienda quienes no la podían pagar, cayó en una crisis de financiamiento. ¿Y cómo pretenden resolverla? Gastando más. Y no gastando más, ¡sino gastando a unos niveles como nunca se atrevió a soñar, por ejemplo, alguien acusado de dispendioso como Dubya!

En apenas semanas, la administración Obama ha conseguido que un Congreso dominado por su partido apruebe sumas que minimizan los gastos de Dubya en ocho años y lo que nos costaron las dos guerras mundiales, la de Vietnam y la de Irak, el huracán “Katrina” y poner un hombre en la Luna. Y nada de recuperar la economía y crear empleos: hay como 8 mil earmarks en ese paquete que van a profundizar la recesión y comprometer el futuro de varias generaciones. O de todas.

En lugar de ayudar al que se ve en dificultades para pagar su hipoteca, prometen ayudar al que dejó de pagar la suya, con lo que alientan a otros a también dejar de pagar, y a permitir que sean los jueces quienes fijen los términos de los refinanciamientos.

En lugar de prestar dinero a los pequeños negocios, que son los que producen el mayor empleo, se lo dieron a gigantes ineficientes y corrompidos por una clase gerencial divorciada de los accionistas y unos sindicatos codiciosos y ruinosos.

En lugar de rebajar los impuestos, con el buen resultado que eso dio en el pasado, atemorizan con elevarlos, y no solo para los ricachones, que es el sonsonete, sino para todos, porque si se los ponen a la energía ya me dirán.

En lugar de dejar que el libre mercado haga su trabajo, cada vez le ponen más piedras en el camino.

¿Y es acaso porque ignoran cuánto son dos y dos? Bueno, la verdad que muy duchos en hacer cuentas la mayoría de ellos no son y si aquí estuviera el Gallo, mi padre, que era un lince con los números, los ponía a parir, demostrándoles con el lápiz en la mano y la calculadora que lo que están haciendo es disparatado. Sin embargo, tengo para mí que no todo lo que vemos es fruto de la ignorancia.

¿Pues no se han pasado la vida los comuñangas de Marx a Chávez diciendo que la crisis es el momento más deseable, el ideal para adelantar la revolución? ¿Y no acaba de írsele a Rahm Emanuel que no hay que desaprovechar ninguna crisis?

El que no quiera ser tomado por sorpresa y no saber cómo reaccionar, mejor se va a una librería de viejo o entra en la internet y procura lo que escribió Saul Alinsky, un anticapitalista muy agudo que ha indoctrinado a varias generaciones de norteamericanos. (Por cierto, inventor del concepto de “organización comunitaria”, esa tarea a la que estuvo dedicado unos años Barack Obama) Y se las lee, por tediosas e interminables que le resulten, por sabor a purgante que les encuentre. O que luego no diga.


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