En Panamá, las principales enfermedades que están afectando a la población, tanto en morbilidad, como en mortalidad son las no transmisibles o que yo prefiero llamar enfermedades de transmisión social ya que su factor de riesgo más importante es un estilo de vida inadecuado. Estas son las cardiovasculares, hipertensión arterial, diabetes, obesidad y cáncer. Alrededor del 70% de las personas que tienen alguna enfermedad, padecen una de estas o complicaciones de las mismas.
Estas enfermedades tiene varias características en común, pero entre las más importantes están que cursan sin provocar síntomas en etapas iniciales y muchas veces se presentan cuando ya hay complicaciones en algún órgano del cuerpo. Además, afectan a todos los órganos ya que son enfermedades sistémicas y generalmente se presentan en los mayores de 40 años.
En nuestro país no es costumbre que la gente vaya a revisión médica de rutina y solo acuden cuando se presentan síntomas. Por lo tanto, estas enfermedades las estamos diagnosticando en estadios avanzados, muchas veces con complicaciones que merman en forma significativa la calidad de vida de las personas y sus familiares.
Debido a este análisis, en el 2015, se ideó el Censo de Salud Preventivo. La idea fue llevar a las personas mayores de 40 años a los centros de salud y policlínicas y hacerles estudios antropométricos y laboratoriales para diagnosticar alguna de estas enfermedades y poder iniciar tratamiento, aunque no se hubieran presentado síntomas y así poder evitar, en alguna medida, el desarrollo de complicaciones. Esto le produciría mejor calidad de vida a las personas, más producción para la sociedad y ahorro importante al Sistema de Salud.
En más de 1 millón de personas censadas (entre 2016-2019), se encontró que el 14% sufre de diabetes, el 37% sufre de presión alta y el 44% de sobrepeso/obesidad. No solo tenemos las cifras, sino los nombres de cada uno, su lugar de residencia y podemos ayudarlos a vivir mejor.
Ante personas adecuadamente controladas, se le podría hacer llegar las medicinas a sus casas y eso seguro aumentaría el cumplimiento del tratamiento y evitaría gastos innecesarios de transporte de cada persona.
Pero no todo es responsabilidad del Estado. Después del diagnóstico, el paciente debe ser responsable de su seguimiento y control en la instalación de salud más cercana.
Esta pandemia del CoViD-19 ha puesto en evidencia que si no controlamos estas enfermedades, de “transmisión social”, tendremos una sociedad poco productiva y vulnerable a los desastres naturales, y poca capacidad de resiliencia, sobrecargando el sistema de salud. La población históricamente, ha subestimado las consecuencias de estas enfermedades en su impacto en la calidad de vida. Es hora de cambiar y concientizarnos de su importancia. Es claro que la mejor forma de enfrentar epidemias, como la actual, es estando en la mejor forma de salud posible y si se sufre de algunas de estas enfermedades crónicas, estar lo mejor controlada posible, es la clave.
Además, de esta política de prevención secundaria, es importante continuar con la docencia (prevención primaria) para evitar que aparezcan las enfermedades y esto debe hacerse en las casas y aulas de clases, inclusive como parte del currículo escolar. Esta estrategia es fundamental para lograr la meta del objetivo 3.4 de los objetivos de desarrollo sostenible, que se refiere a disminuir en 33% la mortalidad prematura por estas enfermedades.
La coordinación entre las instituciones que ofrecen salud y basado en la atención primaria, habiendo ya eliminado hace varios años algunas de las distorsiones del sistema bicéfalo, debemos continuar hacia un sistema único de salud, que nos brindará mayor eficiencia.
Soy creyente que este Censo de Salud Preventiva debe ser política de Estado ya que
definitivamente, es la ruta que permite la sostenibilidad del sistema de salud. Pero nuevamente hago énfasis en la importancia de la participación activa de las personas en el cuidado de su salud.
El autor es médico y fue ministro de salud
