“Salud es un estado de completo bienestar físico , mental y social y no solamente la ausencia de afecciones y enfermedades”, definición oficial de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Clara definición de un estado no muy fácil de entender, conseguir y mucho menos mantener ; la insuficiencia o, lo que es peor, la carencia de alguno o varios de estos elementos, destruyen el frágil equilibrio en el que se sustenta este enunciado, implicando la pérdida total o parcial de esta, en tiempo, espacio y lugar.
Dentro de la contención de un proceso pandémico, es necesario contemplar todo en su justa y debida medida y dimensión , evitando a todas luces la suma de factores negativos que producen y caracterizan la catastrófica sindemia, con un claro efecto “dominó” que vivimos crudamente y en carne propia a nivel mundial.
Llover sobre mojado no es para nada mi intención; sin embargo, mi formación y experiencia como médico no me permite para nada aislarme y mucho menos excluir mi formal opinión .
Las acciones sinérgicas de todos los actores , que incluyen médicos, personal sanitario, gobierno y demás autoridades, complementadas con los aspectos vinculados al ámbito de responsabilidad de los del individuo, no han causado la unidad de la comunidad y, por algún motivo, no han sido eficientes ni efectivas.
Su efecto y consecuencias inician y repercuten precisamente en y desde el individuo, quien es el átomo de la comunidad.
Errar es de humanos y enmendar es de sabios.
Querer ocultar este hecho, sería querer tapar el sol con un dedo.
El penoso y angustiante camino recorrido nos has enseñado lo poco o lo mucho de algo que no solo desconocíamos como científicos, sino de sus gravísimas consecuencias sociales, políticas y económicas.
Este mismo camino donde mi persona todavía no ve una luz clara, ha tenido en su panorama un amplio arco iris donde se dibujan o desdibujan y reflejan todos los extremos del comportamiento humano. Desde los malévolos y ridículos, hasta los benévolos y sublimes.
La pandemia de charlatanes, egocéntricos, narcisistas, inescrupulosos y corruptos se enfrenta con la pandemia de seres bondadosos, sencillos, desprendidos y sacrificados, en un guerra encarnizada contra esta gran catástrofe que cobra un alto precio con vidas humanas .
Mi vocación y formación como médico no me permite olvidar que la economía no se maneja y mucho menos se necesita en los cementerios .
Como todos de una u otra forma somos ya expertos en la Covid 19, los que estudiamos y los que nos superaron en el trending topic por el que atravesamos y en las acciones sinérgicas que implica la prevención,el tratamiento y la cura, no quiero hacer perder el valioso tiempo de mis lectores en estas “nimiedades” sabidas por muchos . La verdad es que yo, modestia y aparte, es la primera vez que vivo una pandemia y me confieso como completo ignorante. A ciencia cierta no veo nada en absoluto de lo que muchos publicitan y promueven con tanta autosuficiencia y seguridad .
Sin embargo, avalado en mis estudios y experiencia de 42 años como médico cirujano, con maestría en gerencia en servicios de salud y docencia superior, me atrevo a decir que muy pronto (meses) habrá no solo una vacuna sino varias vacunas , incluso con distintos mecanismos de acción.
Sin embargo, el mensaje que quiero dejar al pueblo panameño es que en estos momentos el triunfalismo alegórico que precede a estas vacunas y que nos caracteriza como pueblo alegre y sano, es totalmente pernicioso y contraproducente.
La llegada de estas “ vacunas milagrosas” (efectividad, inocuidad, acceso , difusión y distribución efectiva) demora con toda seguridad muchos meses .
No es el momento de buscar culpables; llegará sin dudas y a todas luces el momento. Por lo pronto, nuestra salida es cerrarnos como un puño, incubando y promoviendo nuestra vacuna panameña = solidaridad.
Estoy seguro que atreviéndome a publicar el filosófico significado de la vacuna solidaridad, no solo me negarán por estrictas reglas académicas su utilidad. Sin embargo, pregunto a los grandes eruditos que sustentan la ‘ “medicina basada en evidencias” y que además camaleónicamente cambian de opinión en minutos, horas y días: ¿qué tienen que ofrecer a la población, además de verlos morir con los brazos cruzados?
Lo cierto es que la solidaridad es científicamente intangible, pero tal como la describe su propia esencia, no es solamente un derecho sino una obligación. La adhesión o apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas y difíciles, es solidaridad, nuestra vacuna transicional .
“Al buen entendedor pocas palabras”.
El autor es médico
