La polémica sobre los cambios en el calendario para el año escolar 2009, la observamos como un punto que podría generar una crisis en el desenvolvimiento de la educación.
Analicemos la decisión del señor ministro Salvador Rodríguez, quien llegó al Ministerio con su propia concepción de la educación bajo el brazo, dispuesto a hacer los cambios que según su criterio son necesarios para mejorar la calidad de la educación en nuestro país.
Dentro de los cambios que pretende hacer está la eliminación de los bimestres y reemplazarlos por trimestres.
Es fácil tomar decisiones desde una oficina refrigerada de Panamá, sin medir las consecuencias que eso producirá entre los educadores que trabajan en las áreas de difícil acceso, en la evaluación, en la entrega del material didáctico, y en el presupuesto de funcionamiento, entre otras. Estamos seguros de que esta decisión trastocará el normal funcionamiento de nuestra educación en 2009.
Conociendo el currículum del señor ministro y de los viceministros que son los responsables de esta decisión, nos extraña que el Ministerio no hiciera una investigación científica que sustentara estos cambios y asegure que ésta será la medicina que necesita nuestro sistema educativo que, según ellos, está enfermo.
Pregunto ¿Cómo es posible que en un país con una mala educación, como la califican nuestros gobernantes, tengamos los mejores índices económicos de la región y con proyecciones a mejorar? ¿O será que hay la intención de menospreciar el esfuerzo que realizamos los educadores?
Para mejorar nuestro nivel académico hay que hacer un estudio científico minucioso de las limitantes con las que trabajan los educadores en este país. Iniciemos con la remuneración económica, un maestro no gana lo mismo que un profesor, aunque tenga más títulos que el otro, por eso, muchos maestros con los mejores niveles de títulos y otros estudios emigran de la educación primaria a la secundaria.
Un maestro con título de maestría gana 592 dólares, mientras que un profesor con título de maestría gana 696 dólares, es una diferencia considerable.
La mayoría de las escuelas primarias se ubican en áreas de difícil acceso, lo que conlleva una carga económica adicional para el maestro.
Para lograr un mejor nivel de rendimiento académico necesitamos supervisores con la capacidad de orientar a los educadores en su quehacer diario, lastimosamente, la realidad de nuestro país es otra.
Al supervisor se le asignan únicamente labores administrativas y, por lo general, solo visitan las escuelas una vez al año. Los directores regionales, nombrados por el partido gobernante, se dedican a asegurar los puestos de trabajo para sus copartidarios y familiares allegados; es decir, carecen de la solvencia profesional y moral para tomar los correctivos que se requieren.Los directores de escuelas, por lo general, son educadores sin conocimiento del manejo financiero del Estado, lo que los limita a la hora de poner a funcionar sus planteles; además, el personal administrativo que colabora con ellos es transitorio y, generalmente, se cambia después de cada campaña política.
Esto provoca retrasos en el funcionamiento de la institución.
A pesar de todas las limitaciones para desarrollar su labor, los educadores han logrado elevar a este país de la categoría de subdesarrollado –calificación que teníamos hace tres décadas– a un país en vías de desarrollo, con un crecimiento económico sostenible, invirtiendo cada uno de nosotros tiempo y dinero para superarnos académicamente.
A pesar de que esto no representa un mejor ingreso económico, sí representa para el país una mejor calidad en la educación.En la actualidad, la mayoría de los maestros de primaria son licenciados en educación y la mayoría tiene otros títulos, los profesores tienen títulos de maestría. Esta información se puede corroborar revisando el historial académico de los educadores al cual todos podemos accesar en la página web del Ministerio de Educación.
Reitero, tenemos un recurso humano calificado, entonces la pregunta obligada es ¿Dónde está el problema de la educación panameña? Sería muy osado de mi parte dar la respuesta a esta pregunta, lo que sí es cierto es que Panamá no tiene una política de Estado para la educación. Este Gobierno, con sus desaciertos, ha nombrado ya a cuatro ministros, lo que causa problemas, más cuando al ministro actual solo le quedan seis meses en el cargo ¿Quién será el próximo? ¿Y con qué con planes vendrá?
Le sugerimos al próximo Presidente del país que medite sobre este tema y que nombre a una persona con cuatro dedos de frente, que sepa reflexionar y corregir sus errores, que sea un verdadero educador.
