Juventud

Desempleo, delincuencia y pruebas PISA

Desempleo, delincuencia y  pruebas PISA
Desempleo, delincuencia y pruebas PISA

En julio 2012, el informe “Mejores empleos en Panamá: el rol del capital humano”, del Banco Mundial, basándose en los resultados de las pruebas PISA del 2009, advertía que Panamá era el país latinoamericano con la mayor proporción de adolescentes que veía la educación como una “pérdida de tiempo”.

En la última década Panamá llevó a cabo la Ampliación del Canal, el tamaño de su economía aumentó en 76%, generó 576 mil empleos, los salarios se duplicaron, el Gobierno invirtió más de $15.5 mil millones en educación y el país hoy tiene el ingreso por habitante más alto de Latinoamérica. Paradójicamente, también tiene la sexta economía más desigual del mundo y la mayor conflictividad social per cápita de la Región.

En el 2009, Panamá obtuvo el lugar número 62 entre 65 países participantes en las pruebas PISA, hoy somos el 71 de 79. Las pruebas PISA 2018 se resumen de la manera siguiente: 2 de cada 3 de nuestros adolescentes no entiende lo que lee y 4 de cada 5 no sabe ni puede realizar operaciones matemáticas básicas. En la nueva economía del conocimiento, donde la tecnología eliminará 80 millones de empleos repetitivos anuales durante los próximos 10 años, estos resultados presagian un agravamiento de la exclusión productiva y laboral de nuestros Centennials.

Esto no “va a ocurrir”, está ocurriendo. La bonanza económica “excluyente” ha sido el catalizador de una sistemática y creciente alienación de nuestra población joven, en particular adolescente. Los jóvenes de 15 a 29 años, que obtenían 1 de cada 4 empleos hace 10 años, sólo lograron 1 de cada 12 nuevos empleos a partir del 2009 (entre el 2018 y 2019 fue 1 de 27). Esta tendencia incluye a la “Generación PISA 2009”, que hoy tiene 25 años de edad.

En el 2009 se graduó de Bachiller 1 de cada 2 estudiantes que inició el Primer Ciclo, en el 2018 fue 1 de 3 y más de 14 mil adolescentes abandonan el sistema escolar todos los años. Hoy enfrentamos la más grave crisis de empleo juvenil en 13 años, el mayor número de “Ninis” en 15 y la peor explosión delictiva de la historia.

Existe una creciente proporción de “adolescentes Ninis”. Desde el 2014, 23,032 jóvenes entraron al tramo de edad de 15 a 19 años, de los cuales 10,649 (46%) buscaron trabajo (sólo la mitad lo encontró), hay 8,050 menos estudiantes, y el número de Ninis entre los 15 y 19 años (25,872) superó su crecimiento poblacional (23,032), como consecuencia de los altos niveles de deserción escolar y la escasas perspectivas de empleo, en un mercado laboral “hostil” hacia los jóvenes menores de 30 años.

Por otro lado, en el 2008, 1 de cada 17 panameños reportaba haber sido víctima de la delincuencia en los últimos 12 meses. En el 2016 y de acuerdo a un informe de la Contraloría General de la República, fue 1 de cada 5, implicando que a pesar de que se redujeron los homicidios, la criminalidad se triplicó en 8 años.

En el 2016 se cometieron 630,739 delitos, es decir, 1.2 por minuto, infieriendo que el delito no reportado superó el 90%. El deterioro de indicadores como el desempleo y deserción escolar en los últimos tres años sugerirían que probablemente estos índices han empeorado. De hecho, entre el 2007 y 2017, el porcentaje de adolescentes en nuestras cárceles subió de 23% a 37% de la población penitenciaria.

El panorama para el empoderamiento económico e independencia financiera de estos jóvenes es complicado. Aparte del inminente impacto sobre la criminalidad, la situación pone una enorme presión a la necesidad de reducir la deserción escolar, así como desarrollar programas técnicos de rápida inserción laboral para que jóvenes con Educación Media o inferior sean capaces de ganarse la vida.

En un entorno regional socialmente convulsionado por jóvenes en busca de espacios y mayor equidad, así como un entorno laboral donde 3 de cada 4 nuevos empleos vienen de emprendimientos y cada vez más exigente en materia de competencias actitudinales ¿cuáles son las perspectivas de una población con dificultades para entender textos simples y realizar operaciones matemáticas sencillas, que ve la educación como una pérdida de tiempo? ¿Contribuirá la tecnología a agravar las ya existentes brechas sociales en nuestro país?

El futuro para nuestra “Generación PISA 2018” luce sombrío. Lo peor que podemos hacer es no hacer nada.

El autor es asesor empresarial



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