Este 10 de octubre celebramos nuevamente el día mundial de la salud mental, dentro de un contexto que ojalá haya logrado sensibilizarnos más como sociedad con respecto a este importante aspecto de la salud integral.
La pandemia ha tocado la estabilidad económica de muchas familias panameñas; ha puesto a prueba más que nunca nuestro sistema sanitario; ha retado duramente al personal de salud y seguridad; ha obligado a maestros, estudiantes y padres de familia a adaptarse, en el mejor de los casos, a un estilo de educación que creíamos aparecería en un futuro no tan inmediato; nos ha restado libertades que dábamos por sentadas, y a muchos también ha arrebatado la vida o la salud de seres queridos.
El miedo, la incertidumbre, las carencias y la frustración han causado estrés para muchos sin precedentes, y este estrés ha sido el gatillo para la aparición o recrudecimiento de síntomas psicopatológicos.
Experimentar la pérdida de salud en cualquiera de sus formas es difícil, sin embargo, cuando el padecer no es entendido, no es validado, no es reconocido por otros o, peor todavía, es causa de vergüenza, burla, estigma o discriminación, puede traer aún mayor sufrimiento y obligar al individuo a guardar un silencio peligroso que no permita el diagnóstico y tratamiento oportuno que requiere para recuperar su salud y, en algunos casos, no perder la vida.
En pleno Siglo 21, repleto de avances científicos en cuanto a la comprensión del funcionamiento del cerebro y sus enfermedades, el rol que juegan el equilibrio de los neurotransmisores, factores neurotróficos, hormonas, la epigenética y su relación con la expresión o no de ciertos genes, los factores inflamatorios y su relación con el estrés, la psicopatología y su vínculo con otras condiciones médicas, y cómo todos estos factores influyen en funciones tan básicas e importantes (como la regulación del sueño, el apetito, la motivación, la energía, la capacidad de experimentar placer y de sentir esperanza, las funciones cognitivas y el estilo de pensamiento, la coordinación de las ideas) y la aparición de tratamientos eficaces y seguros para tratar las condiciones de salud mental desde hace varias décadas, es increíble todavía escuchar personas ( muchas de ellas de nivel educativo alto) decir “yo no creo en psicólogos ni psiquiatras”, “se deprimen los que no tienen fe en Dios”, “eso no es una enfermedad, es debilidad mental”.
Es posible que nos hayamos quedado cortos los especialistas en salud mental en dar docencia a nuestra población, a nuestros colegas de otras especialidades, a las escuelas y padres de familia (porque sí, los niños también pueden padecer problemas psiquiátricos que requieren atención por profesionales idóneos), ya que todavía nos falta mucho por trabajar en este sentido.
Como sociedad tenemos mucho por discutir y por hacer. Nuestro sistema de atención de salud mental público ha requerido grandes esfuerzos y los excelentes profesionales que han trabajado en pro de los pacientes que han sufrido y sufren condiciones de salud mental han tenido que luchar contra obstáculos que no debieran existir en nuestra época, justificar su lugar y los derechos de los pacientes, garantizar disponibilidad de tratamientos, entre otras grandes batallas que aún siguen librando.
A nivel privado, principalmente para los casos graves donde se requiere hospitalización, casi ningún hospital ha invertido en espacios, protocolos de seguridad ni en programas de salud mental. Los altos costos de los tratamientos psicofarmacológicos tienden a ser limitante para muchos pacientes.
Además, muchos son los seguros de salud privados que no incluyen o limitan de manera irrisoria los padecimientos psiquiátricos.
El cerebro es un órgano, al igual que los pulmones, el hígado o los riñones. ¡Tiene derecho a enfermar! Y cuando enferma, repercute considerablemente en el bienestar del individuo, en el de su familia y muchas veces hasta en el de su comunidad.
Ya es hora de que juntos superemos la ignorancia que ha traído efectos nocivos a tantos panameños: retrasando la búsqueda de ayuda oportuna, mitigando las oportunidades laborales y de realización personal, trayendo violencia y discriminación, acorralando en la enfermedad a tantos y hasta traído luto a varias familias.
Este día mundial de la salud mental, recordemos que las enfermedades mentales existen y que debemos interesarnos por educarnos en reconocerlas, para así poder luchar contra ellas con la ayuda de los especialistas y con el apoyo de nuestras familias, sin miedo al rechazo y sin discriminación.
La autora es médico paidopsiquiatra y miembro de la Sociedad Panameña de Psiquiatría de Niños, Niñas y Adolescentes
