El presidente Barack Obama necesita convencer a los estadounidenses que gasten más ahora y ahorren después para que la economía del país retorne a un paso firme. Sin embargo, con consumidores que temen perder sus empleos y sus fondos de retiro, esto no es una tarea fácil ni en casa ni en el extranjero. Pero incluso si tiene éxito, es probable que el resultado final sea un crecimiento económico más lento del que disfrutaba el mundo antes de que la crisis financiera desatara una recesión global.
Es una cuestión no solo de cambiar la manera en que piensan los consumidores estadounidenses sobre el gasto y el ahorro, sino también de cómo el resto del mundo mira el mercado más consumista del mundo.
Los economistas han advertido durante años que la economía mundial era excesivamente dependiente del consumo estadounidense, lo que contribuyó a lo que describen como desequilibrios globales, grandes e insostenibles déficits en Estados Unidos y superávits en países altamente exportadores como China.
En una serie de conferencias de prensa la semana pasada en Europa, Obama alertó al mundo que la economía del “préstamo y gasto” de Estados Unidos debe cambiar su estilo una vez que la crisis termine. “Para que el crecimiento sea sostenible, no puede estar basado en la especulación, no puede basarse en mercados financieros recalentados o mercados de viviendas recalentados o en los consumidores estadounidenses maximizando sus tarjetas de crédito o nosotros sosteniendo sin parar un déficit de gasto tan lejos como el ojo pueda mirar”, dijo la semana pasada. “La cuestión central es desplazarse de una economía de préstamo y gasto a una economía de ahorro e inversión”, dijo, agregando que “probablemente haya la necesidad de tener un reequilibrio sobre quién está gastando, quién está ahorrando, cuáles son los patrones generales de comercio”.
Eso podría sonar un poco extraño viniendo de un Presidente que recién aprobó el mayor programa de gastos del Gobierno en la historia y propuso un déficit presupuestario de dimensiones récords. Ello refleja el dilema que enfrenta Obama: Mientras que un fuerte gasto podría tener sentido para la economía en el corto plazo, eso es exactamente lo opuesto a lo que debe suceder en el largo plazo.
Cuando termine la recesión, Estados Unidos quedará con un déficit multimillonario y una población de edad avanzada que muy pronto estará recaudando fondos públicos del beneficio para los retirados. “La única manera posible que veo para salir de esta crisis será preparar las cosas para resultados potencialmente peores en el futuro”, dijo Eswar Prasad, un veterano de Brookings Institution y ex jefe de la división china en el Fondo Monetario Internacional.