[APOYO A LA GUERRA]

El discurso de Obama en Oslo

Fue un discurso casi impecable, las acciones de Estados Unidos por fin no eran pecados. El novel Presidente dio un discurso noble, como corresponde al premio Nobel de la Paz.

Me pareció un discurso magistral. Y desde luego, con sus dotes de orador era de esperarse que le quedaría muy bien, especialmente ya que fue leído del telepromter, aparato que maneja muy bien. Tenía un público simpatizante, así que debió llegar relajado a darlo. Pero claro, nadie se podía imaginar que venía a apoyar la guerra en Afganistán al recibir el premio Nobel de la Paz.

Supongo que alguien en la Casa Blanca ha de haber dicho: “Señores, no se puede tapar el sol con un dedo. El Presidente no puede ir a Oslo a dar otro de sus acostumbrados discursos en los que le piden perdón al mundo por la arrogancia americana. Y tampoco puede dejar de abordar la controversia de que no se merece esta distinción. Tenemos que agarrar el toro por los cuernos”.

Esta frase, “grab the bull by the horns” o “agarrar el toro por los cuernos” aunque hispana, es ampliamente utilizada en la cultura anglosajona con idéntica connotación. Y la imaginada intervención de alguien en la Casa Blanca se ajusta a la manera directa en que se discuten las decisiones a tomar en una cultura obsesionada por la eficiencia y por el pragmatismo.

Estoy de acuerdo con el discurso, sobre todo cuando dijo “mis logros son pequeños”.

La frase clave para mí fue: “Que no quede la menor duda: la maldad sí existe en el mundo. Un movimiento no violento no podría haber detenido los ejércitos de Hitler”. Hitler siendo el mal más fácil de atacar, aunque no fue peor que Stalin o Mao. En el mundo de la izquierda norteamericana los criminales lo son por la mala crianza que recibieron o por la pobreza en que se encuentran, pero no porque exista el mal.

Un párrafo importantísimo fue: “Estados Unidos de América ha ayudado a garantizar la seguridad mundial durante más de seis décadas con la sangre de nuestros ciudadanos y el poderío de nuestras armas. El servicio y sacrificio de nuestros hombres y mujeres de uniforme han promovido la paz y prosperidad desde Alemania hasta Corea, y permitido que la democracia eche raíces en lugares como los países balcánicos”.

Me quedé agradablemente sorprendido. Y casi me convence con su explicación sobre que a veces hay que negociar: “la promoción de los derechos humanos no puede limitarse a la exhortación. A veces, debe ir acompañada de laboriosa diplomacia. Sé que el trato con regímenes represivos carece de la grata pureza de la indignación. Pero también sé que las sanciones sin esfuerzos de acercamiento al otro –y la condena sin charlar– pueden mantener un statu quo agobiante. Ningún régimen represivo puede ir por un nuevo sendero a no ser que tenga la opción de una puerta abierta”.

Y gracias, señor Presidente, por casi no hablar del calentamiento del planeta y casi no echarle la culpa de todo a George W. Bush. Fue un discurso casi impecable, las acciones de Estados Unidos por fin no eran pecados. El novel Presidente dio un discurso noble, como corresponde al premio Nobel de la Paz.


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