En un complicado momento en el que la recuperación económica del país sigue siendo frágil y la tasa de desempleo apenas si disminuye, porque el sector privado no crea suficientes empleos, el presidente Barack Obama ha tomado una decisión políticamente arriesgada.
Desoyendo la exigencia de la izquierda dentro y fuera de su partido, en vez de crear un nuevo programa de estímulo para continuar reactivando la economía y reducir la tasa de desempleo, Obama se ha lanzado a la arena política con un plan para lidiar con el colosal déficit presupuestal del país.
La decisión es arriesgada porque los programas de austeridad no son nunca populares ni reducen el desempleo. Pero el déficit presupuestal es tan grave que si el Gobierno no logra restablecer la credibilidad fiscal del país bien podría enfrentar el tipo de crisis de endeudamiento que hoy agobia a Irlanda, Grecia, Portugal y España.
Para intentar resolver el problema, demócratas y republicanos han presentado proyectos que acentúan las abismales diferencias filosóficas de sus respectivas visiones reviviendo una disputa por la nación que tiene profundas raíces históricas.
Hasta ahora, el plan de los republicanos se basa en la radical propuesta del representante por Wisconsin, Paul D. Ryan, que plantea, entre otras cosas, la desaparición de importantes programas sociales como el del cuidado de la salud para las personas mayores de 65 años de edad, llamado Medicare que estableciera el presidente Lyndon Johnson en 1965. Así como del programa de asistencia médica a los pobres y a los discapacitados llamado Medicaid.
Para terminar con la subvención del Gobierno al Medicare, Ryan propone que a los beneficiarios se les dé un bono para que puedan comprar un seguro de salud y como sabe que el monto fijado sería insuficiente para pagar el gasto propone que sean los propios ancianos quienes paguen la diferencia. Un desembolso que según auditores independientes solo una de cada cinco personas retiradas podría hacer.
Apegado al credo republicano de no aumentar impuestos, Ryan, al igual que el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, sostiene que “los impuestos no están sobre la mesa, porque no tenemos un problema de ingresos; tenemos un problema de gasto”. Exige, además, que se mantenga intacto el recorte a los impuestos de los ricos que George W. Bush impusiera y hoy continúan vigentes.
Y pide también que se reduzca de 35% a 25% el porcentaje que tienen que pagar los millonarios y las corporaciones para que, según él, se puedan crear más empresas que benefician a todos. Lo mismo dijeron Ronald Reagan y Bush hijo pregonando las bondades del famoso “goteo” (trickle-down). Un “goteo” que nunca ha servido ni para estimular el crecimiento económico ni para nada más que para enriquecer más a los muy ricos.
Obama también propone disminuir el costo del Medicare, pero sin desmantelarlo, sino reduciendo costos, evitando el desperdicio y utilizando el enorme poder de compra del gobierno para obtener descuentos de los fabricantes de medicinas. Una práctica común que el Gobierno tiene vedada, porque hay una ley que se lo impide.
Obama admite que la reducción del déficit requerirá incrementar los impuestos, limitar las deducciones del 2% de los contribuyentes y dejar que expiren los recortes a quienes ganan más de $250 mil dólares al año. También ha propuesto recortes a partidas discrecionales y al presupuesto de la defensa. Una propuesta que tiene enormes riesgos políticos en un momento en el que el país pelea en tres frentes de guerra.
De cara a la elección presidencial de 2012, es evidente que los republicanos volverán a entonar la vieja cantaleta de la adicción de los demócratas a los impuestos y al gasto.
La apuesta de Obama es apelar a su base y a la clase media que forma el centro independiente, denunciando con vigor el contubernio que hay entre los republicanos y ese 1% de la población que controla la tercera parte de la riqueza del país y que entre 1979 y 2007 aumentó sus ingresos de un 13% a un 123%, mientras el Gobierno le reducía su pago de impuestos entre un 20 y un 30%.
Así las cosas, ¿a quien preferiría usted?