Cuando un joven de 16 años de edad fue secuestrado de su comunidad mormona a comienzos de mayo, se fijó un pago de rescate por un millón de dólares. El poblado optó por no pagarlo.
Más bien, encabezados por el hermano mayor del adolescente, integrantes de la comunidad viajaron a la capital del estado, Chihuahua, para exigir al Gobierno que capturara a los secuestradores. Nadie sabe exactamente la razón; pero, siete días más tarde, el muchacho fue liberado.
Al poco tiempo, en otros poblados diseminados en los valles que se extienden bajo las montañas de borde purpúreo de la Sierra Madre, agricultores que enfrentan extorsión e intimidación empezaron a suplicarle ayuda al hermano en una cruzada, Benjamín LeBaron, uno de los bisnietos del fundador de la comunidad mormona.
Él lo intentó, formando un grupo para ayudar a las comunidades a que ejercieran presión sobre las autoridades. Y después, él terminó muerto.
El 7 de julio, a la 1 de la madrugada, cuatro camionetas deportivas de lujo llegaron hasta el hogar que él compartía con su esposa y cinco hijos. Hombres armados abrieron la puerta de al frente. Luis Widmar, su cuñado que vivía en la cercanía, irrumpió para intentar ayudarle. No obstante, los sicarios mataron a los dos hombres. Sus cuerpos fueron hallados más tarde ese mismo día, con una nota en la cual eran acusados de haber suministrado información que condujo a la captura de integrantes del grupo en un poblado cercano.
Dos años y medio después de que el Gobierno mexicano empezara su guerra en contra de carteles de drogas, la severa represalia solo ha vuelto la vida más peligrosa en algunos lugares. Aquí, en el norte del estado de Chihuahua, las amenazas, secuestros y violencia no empezaron sino hasta el año pasado, aproximadamente al mismo tiempo que el Gobierno envió tropas a Ciudad Juárez, que está a cuatro horas en automóvil de la Colonia LeBaron.
La extorsión empezó hace cuatro años, comentó un residente de Colonia LeBaron que salió de México, luego de que LeBaron y Widmar fueran asesinados, solicitando que no lo identificaran por temor a que lo mataran. Nosotros pensamos que el dinero de los “narcos” se está agotando y ellos están recurriendo a cualquier cosa que puedan hacer. Personas en esta localidad dicen creer que la presencia militar en la frontera ha orillado a las pandillas hacia el campo. El jefe de la policía fue asesinado en noviembre. Hombres armados siguieron a los hijos del alcalde del poblado y a su esposa, mientras se dirigían a la escuela.
El tesorero de otro pequeño poblado chihuahuense, Namiquipa, fue asesinado el año pasado. El jefe de policía y un alto comandante han estado desaparecidos desde octubre. El alcalde antes mencionado, quien había estado recibiendo amenazas de muerte desde el año pasado, fue asesinado este 14 de julio.
El combate a las drogas sigue siendo intenso en Ciudad Juárez, donde se han registrado más de mil asesinatos en lo que va del año. Carteles de drogas siguen con sus flagrantes despliegues de violencia en contra de las autoridades mexicanas.
Unos cuantos días después del funeral de LeBaron y Widmar, 12 oficiales de la policía federal que estaban descansando fueron secuestrados, torturados y asesinados. Sus cuerpos fueron tirados en una pila a la orilla de una carretera.
El Gobierno destacó más efectivos militares en Michoacán, la Policía Federal Preventiva anunció las detenciones de cuatro hombres relacionados con el caso.