Seguramente ha escuchado de diferentes tipos de ejercicios, con mucha información al respecto y es posible que se haya sentido confundido sobre cuál sería el mejor. Les detallaremos conceptos básicos sobre ellos y sus beneficios para la salud.

Los tipos de ejercicios son:

-Ejercicios aeróbicos: Son aquellos que requieren contracciones rítmicas (contracción-relajación) sostenidas por un periodo de tiempo variable, y que provocan una elevación sostenida de la frecuencia cardiaca. Algunos ejemplos son las actividades clásicas como caminar, trotar, saltar, nadar, montar bicicleta, usar máquinas elípticas, bailar y muchas otras actividades que involucren esas contracciones rítmicas y sostenidas por un tiempo.

Las recomendaciones son que este tipo de ejercicios se realicen, al menos, cuatro días a la semana; con una duración de 30 a 60 minutos en cada sesión.

-Ejercicios de resistencia (fuerza muscular): Son aquellos que mejoran la fuerza muscular (carga o peso que se puede mover), la potencia muscular (fuerza que se aplica en la unidad de tiempo) y el acondicionamiento muscular (la capacidad del músculo de contraerse de forma repetitiva con poca fatiga). Típicamente son el levantamiento de pesas y ejercicios con ligas de resistencia.

Las recomendaciones actuales dictan que estos ejercicios deben hacerse de dos a tres veces por semana en días no consecutivos.

-Ejercicios de flexibilidad: Son aquellos que mejoran el rango de movimiento de nuestras articulaciones. Este rango mejora inmediatamente después de una sesión de estos ejercicios, y persiste luego de un periodo de tres a cuatro semanas de hacerlos de forma regular. Son importantes para mantener la funcionabilidad a través de los años.

-Ejercicios neuromotores (balance y coordinación): En realidad, el entrenamiento neuromotor incluye una serie de habilidades como el balance, la coordinación, la marcha estable y el entrenamiento de propiocepción.

Ejemplos que se enfocan en estos componentes, son el tai chi, el gigong y el yoga. Ayudan a evitar las caídas.

En realidad, no hay uno mejor que otro, se complementan y cada uno tiene su función específica. Lo mejor sería tener una combinación de ellos.

El autor es gastroenterólogo y exministro de Salud