La situación de los jóvenes recién graduados de médicos que esperan por el internado para continuar con su carrera debe ser atendida con urgencia por las autoridades de salud panameñas, ya que representa un daño grave para la gran cantidad de panameños que han escogido la dura carrera de medicina no solo por amor a la profesión, sino por servirle al país y a la comunidad en donde han nacido y se han formado profesionalmente.
Es imperativo que las autoridades se tomen en serio esta gravísima situación, porque los médicos recién egresados llevan casi tres años de graduados sin poder iniciar el internado que les permita continuar con sus especialidades y servirle al país. Incluso, algunos han visto truncados sus planes de hacer una especialidad en el extranjero. Son médicos que nos hacen falta para reforzar la atención primaria de salud tan necesaria para Panamá, tanto en la coyuntura actual como en el cotidiano vivir de la población.
Sabido es que el país tiene necesidad de formar con urgencia médicos especialistas en las áreas donde tenemos déficit. Y eso será imposible mientras continúe el cuello de botella creado en parte por la burocracia del Minsa, retrasando así el reemplazo de aquellos médicos que pasan a hacer la especialidad, quienes también se ven impedidos de hacerlo, por estar atados a la posición de médico general que forzadamente ocupan por no nombrarse médicos internos que llenen después las posiciones vacantes de médico general que dejan los que pasan a las plazas de residencia para continuar con sus respectivas especialidades.
Urge agilizar el método que se utiliza para el nombramiento de médicos y del resto del personal de salud, especialmente en la fase de internados y residencias. Ya vimos cómo, por causa de la escasez de especialistas, hubo necesidad de contratar médicos de otro país, como el caso de Cuba, para cubrir la demanda de atención a los contagiados por la Covid-19, pandemia que no sabemos cuántos años durará y que, según los científicos más reputados del mundo y a pesar de la actual vacuna, no podrá controlarse antes de finales del año 2021.
Esta contratación, en algunos aspectos, hasta representa un riesgo porque tales médicos podrían no estar al día con nuestros estándares en la atención eficaz de los pacientes, además del costo que representa traerlos para un alivio temporal, y que suma más de un millón de dólares al año, y por la capacidad que requiere la atención de pacientes de alta complejidad, como los del coronavirus. Por eso urge un plan serio para nombrar a los egresados de medicina. Recordemos que los médicos panameños se quedan y los extranjeros se van.
Aquí parecen olvidar que el asunto de nombrar médicos que hagan carrera en el sistema público de salud empieza por el internado, para que haya suficientes médicos que, posteriormente, puedan ser encauzados a las especialidades, de acuerdo con las necesidades de la población del país y sus áreas geográficas. En eso debe enfocarse la política de salud del Estado, para garantizarle a nuestros compatriotas que el personal médico a su servicio es formado y escogido con criterio científico para poner en sus manos la salud y la vida de los panameños.
Panamá tiene una alta exigencia académica en los estudios de medicina y excelentes profesionales de esa rama que, incluso, prestan sus servicios en el extranjero. Recurramos honestamente a ellos y a los que están aquí para asesorarnos en el tema de planificación y, de ser necesario, recurrir a aquellos países adelantados en el campo de la prestación de los servicios públicos de salud, con los que mantenemos excelentes relaciones diplomáticas, con el fin de asistirnos en la revisión integral del sistema de salud.
No resulta fácil tomar decisiones como éstas, pero un gobernante es elegido para hacer lo mejor por su país y engrandecerse al resolver, en los momentos difíciles, los graves problemas que en salud confronta el pueblo panameño. No se elige para tener una gestión de gobierno relajada y gozar solo de los privilegios que ofrece el poder. Que en este tema del servicio público de salud y de la angustiosa espera que están sufriendo los recién graduados de medicina, impere la capacidad y buen juicio para resolver de manera expedita el problema de nombrar a los médicos internos y la falta de médicos especialistas.
Los internos serían de gran provecho y ayuda para los médicos que se desempeñan en nuestro sistema de salud y que no se dan abasto con la demanda y la mora en la atención que existe actualmente con otras enfermedades y dolencias que se han descuidado por atender el coronavirus.
Hagamos las cosas procurando el bienestar del pueblo panameño, resolver sus problemas de salud y evitar dejarnos arrastrar por cualquier viento ideológico o interés político, que de eso ya ha habido mucho en el pasado y el presente de nuestra nación.
El autor es relacionista público

