En días pasados, una amiga me invitó a visitar una fábrica de jabones orgánicos, porque sabe que ando haciendo lo que me gusta y entre esas cosas que me gustan están las prácticas que apuntan al desarrollo sostenible.
Emanuel Bronner era un hombre de esos que rayan entre la genialidad y la locura; de hecho, por momentos estuvo hospitalizado en un psiquiátrico, pero lograba escaparse y continuar transmitiendo su mensaje, regalando jabones a cambio de que lo escucharan o leyeran en los empaques de su producto, los cuales están saturados de mensajes en la etiqueta, desafiando todas las reglas de diseño gráfico: miles de caracteres en tamaño minúsculo y decenas de signos de exclamación para mostrar su pasión y convicción en el mensaje.
Sus padres fallecieron en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial y bien podría haber tomado un curso muy distinto su vida, a partir de estos acontecimientos, pero decidió promover la paz, la unidad, el amor, la coexistencia armónica de todas las religiones y el cuidado de nuestro planeta, al cual denominaba “nuestra nave espacial tierra”.
Sus nietos, Michael, David y Lisa Bronner, han hecho crecer esta empresa, que podríamos calificar de vegetariana, liberal, practicante del comercio justo, promotora de legislación no tradicional y de prácticas que muchos comercios tildarían de sindicalistas, pues cabildean a favor del aumento del salario mínimo y en su propia empresa ningún empleado, incluyendo a los dueños, gana 5 veces más que el salario más bajo de la empresa.
Los tres hermanos no pensaban trabajar en el negocio familiar del abuelo, pero su fallecimiento en 1997 y la enfermedad de su padre, dos meses después, los reunió.
Michael Bronner, presidente de la empresa, se sonríe, nos proporciona datos que seguidamente pide a sus subalternos nos confirmen, porque él no los recuerda bien, y nos relata, con lo que yo calificaría como excesiva sencillez y total transparencia, la relación familiar y profesional de los Bronner, que dan para un documental ganador de estatuillas.
Su hermano David es el CEO (Cosmic Engagement Officer) y representante más puro del alma de la empresa. No por portar un título que a priori puede causar gracia es menos profesional: biólogo graduado en la Universidad de Harvard, David es un activista que promueve la agricultura regenerativa, el comercio justo y la aprobación del cultivo del cáñamo industrial (hasta la ropa que usa está confeccionada con cáñamo), el cual fue aprobado en los 50 estados de Estados Unidos, en diciembre del 2018.
Por último, Lisa es quien educa a los usuarios de la marca para hacer el mejor uso de los productos, los cuales son tan orgánicos, que podemos comerlos (aunque no están hechos para esto) y usarlos para todo, desde lavarnos la cara hasta lavar el piso de la casa.
Emanuel Bronner fue cuestionado en su época, pero su legado ha mostrado lo adelantado que estuvo para su tiempo y que su mensaje sigue tan vigente como cuando se paraba en media calle, arriba de sus cajas de jabón, a proclamar que todos somos uno o ninguno.
La autora es cabildera de políticas para el desarrollo sostenible
