Cada vez es más difícil ignorar que la participación política de la mujer es la asignatura pendiente de nuestro tiempo. Alrededor del mundo, las mujeres han brillado por su ausencia en la política, ya sea en cargos electos o de administración pública, aún cuando conforman aproximadamente la mitad de la población de sus países. Ciertamente, esto es un problema global y muchos países albergan sistemas políticos dominados por hombres, los cuales están compuestos de barreras que impiden la participación de la mujer. Es alarmante no solo porque la participación política de las mujeres es fundamental para cerrar la brechas de género en todas sus dimensiones, pero también porque la baja participación de ellas actúa como un freno al desarrollo social, económico y político a nivel mundial y estatal.
El transcurso de la historia nos ha demostrado que la participación de la mujer en la política es relevante y necesaria para la democracia, la paz y los derechos humanos. De modo que es una realidad inquietante que en muy pocos países se ha elegido a mujeres a puestos de alto cargo político, tales como la presidencia y vicepresidencia. En efecto, Panamá se encuentra en esta lista, siendo Mireya Moscoso la segunda jefa de Estado elegida por votación de los ciudadanos en América Latina. Un estudio de la Entidad de Naciones Unidas para la Igualdad de Género reveló que el 90% de los jefes de Estado y de Gobierno son hombres. Esto da a relucir que, aunque ha habido un progreso significativo para la igualdad de género en décadas recientes, la paridad de género en el ámbito político se ha quedado por detrás.
Este fin de semana, Kamala Harris hizo historia en la política de Estados Unidos al romper el “techo de cristal” de las mujeres en política de ese país. En un país aplastado por los ataques misóginos, racistas y xenofóbicos del presidente Donald Trump, la elección de una vicepresidenta mujer, negra e hija de inmigrantes marca un hito en la historia. Esta elección demuestra el retorno de la tolerancia, la lucha contra el racismo y el respeto a la mujer en las instituciones públicas del país. Es imprescindible recordar que estos tres elementos habían pasado a segundo plano, hundiéndose cada vez más, cuando el líder de esta potencia mundial hacia declaraciones ofensivas de las mujeres, los inmigrantes y los negros, tales como cerda y perra, terroristas y matones, respectivamente.
La misoginia de Trump agitó a la población y produjo como consecuencia la Marcha de las Mujeres, una protesta liderada por mujeres el día después de su toma de posesión presidencial en Washington D.C., en el 2017. La marcha fue la protesta de un solo día más grande en la historia de Estados Unidos. Sin embargo, lo que comenzó como una marcha se convirtió en un movimiento mundial que tiene como objetivo aprovechar el poder político de mujeres diversas para crear un cambio social transformador.
Con los ojos del mundo puestos en Estados Unidos ante la derrota de Trump, Kamala Harris tendrá la oportunidad de demostrar el papel impulsor de desarrollo, igualdad y justicia que juegan las mujeres en la política. Preveo que Kamala Harris, junto al presidente electo, demostrará su capacidad de buen juicio y sentido de justicia a la política estadounidense, que estuvo ausente en los últimos años.
Hasta hace relativamente poco, el mundo en todas partes estaba dirigido únicamente por hombres. Sin embargo, el escenario ha cambiando y la llegada de Harris a la vicepresidencia de esta potencia mundial es una victoria para todas las mujeres que tienen un compromiso por transformar a profundidad sus países y para que todas las niñas sepan que pueden ser presidentas o vicepresidentas si así lo desean. Las mujeres son necesarias para el desarrollo de sociedades más humanas y políticas más justas y no me cabe duda que, en efecto, el lugar de la mujer es en la política.
La autora es estudiante de Comunicación Política, Relaciones Públicas y Desarrollo Internacional en la Universidad de Texas
