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El reto de adaptarnos en tiempo de crisis

Cada día es más larga la lista de los problemas ambientales que enfrentamos. Para la población, comienza a ser relevante el impacto que tienen nuestras acciones, por muy insignificantes que sean, en el ambiente. Algunas personas cuestionan o, incluso, niegan este hecho. Sin embargo, sólo basta caminar unos cuantos pasos fuera de casa, para darnos cuenta que la calidad de nuestro entorno ha cambiado drásticamente, en pocas décadas.

La temperatura se ha elevado; y las temporadas lluviosas son más inestables. Los lugares en los que podíamos avistar animales hoy, con frecuencia, son espacios abiertos para el silencio y la inactividad. Frente a esta situación, detengámonos por un momento a pensar ¿Es esto normal?

El cambio climático es parte de un proceso natural que atraviesa el planeta a través del tiempo. Las variaciones abruptas en las condiciones climáticas del planeta siempre han existido. Entonces, ¿cuál es el problema? La diferencia es que, en las últimas décadas, la evidencia científica nos advierte que la intervención del hombre impide que este proceso se lleve a cabos de forma natural y paulatina.

El incremento en las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera provoca el aumento en la temperatura global promedio. Causa un desequilibrio en los ecosistemas y perjudica los servicios ambientales, imprescindibles para la subsistencia de muchas especies, incluido el hombre.

Los problemas ambientales tienden a estar interconectados unos con otros. Sin duda alguna, el que se estén produciendo pérdidas o migración de muchas especies, nos indica que existe una variante que está condicionando estos nuevos patrones de conducta.

El fenómeno es muy abarcador. Incluso, en las áreas que han sido protegidas, celosamente, de la perturbación humana, se evidencia la pérdida gradual de su biodiversidad. Ello sugiere que es probable que el principal causante de esta situación sea la inestabilidad en los patrones de precipitación; periodos secos más prolongados y aumentos significativos en la temperatura de la tierra y del mar. Estas señales de alarma apuntan a que los efectos del cambio climático continúan e, incluso, se intensifican de manera implacable.

Aunque el cambio climático no representa un problema únicamente en nuestro país y a pesar que no producimos ni la cuarta parte de emisiones de gases de efecto invernadero, es innegable que no nos escapamos de sus efectos. Quizás nos esperanzamos que la pandemia mitigaría esta situación. Y ciertamente, se redujeron considerablemente las emisiones de gases de efecto invernadero en 2020, debido a las medidas impuestas. Aún así, no fue suficiente para lograr la estabilidad ambiental, perturbada durante las últimas décadas, como resultado de actividades humanas basadas en modelos económicos, ecológicamente insostenibles.

Para los próximos años, se prevén fenómenos meteorológicos cada vez más extremos, como lluvias que provoquen inundaciones; sequías que afecten al sector agropecuario; olas de calor cada vez más intensas; y tormentas que causen pérdidas materiales aún más considerables.

Un problema ambiental, aunque puede tener indicios imperceptibles en algunas zonas geográficas, a largo plazo, genera cambios alarmantes, cada vez más notables. El fenómeno puede ser originado en otras partes del mundo o quizás, incluso, en diferentes latitudes a nivel nacional y aun así, tener una gran repercusión a nivel local.

Frente a una situación que parece desalentadora, urge tomar acción para enfrentar esta realidad. En lugar de seguir negándonos o haciéndonos los de la vista gorda, interioricemos que, incluso nuestras pequeñas acciones, pueden tener un fuerte impacto en el medio que nos rodea.

Los jóvenes somos piezas claves en la solución de los problemas ambientales. Somos la generación que ha heredado las consecuencias del cambio climático. Nos toca asumir el reto. No nos debemos permitir legar a las futuras generaciones, la responsabilidad de resolver lo que, hoy, nosotros no asumimos como una tarea que nos corresponde.

Las condiciones que nos imponen los efectos del cambio climático, deben alentar a la población a realizar transformaciones sustanciosas. Es urgente cambiar hábitos que pueden ser perjudiciales a largo plazo; velar por mejorar, restaurar y conservar las condiciones necesarias parar lograr adaptarnos a los cambios en tiempos de crisis, antes de que sea demasiado tarde.

El autor es estudiante de Biología Ambiental y Miembro de Jóvenes Unidos por la Educación


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