Políticas públicas

El rompecabezas de la salud mental

El rompecabezas de la salud mental
El rompecabezas de la salud mental

Relacionar la salud mental con un rompecabezas nunca antes pudo ser más prudente. La salud mental se asemeja al conocido juego de mesa, cuyas diminutas, pero importantes piezas, encajan y se entrelazan para formar un todo. Los profesionales de la salud mental, enfermeros, psiquiatras y psicólogos son piezas únicas e imprescindibles.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud abarca una gama de actividades, directa o indirectamente relacionadas con el bienestar mental. Es definido como ‘un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades’. La OMS señala que la pandemia ha tenido efectos psicológicos de alcance global derivados del aislamiento social, el miedo al contagio y la pérdida de seres queridos, así como las angustias relacionadas a la incertidumbre económica personal y global.

Aunque la salud mental es un componente esencial de la salud general, los datos de la región revelan profundas brechas en cuanto a la desatención del tratamiento de personas con trastornos mentales, que alcanzan hasta 73,5% en adultos con trastornos graves o moderados; y 82,2% en niños y adolescentes. Datos de la Caja de Seguro Social (CSS), en 2019, revelan que su programa de salud mental contaba con 80 psiquiatras, 120 psicólogos, 50 enfermeras especializadas en salud mental, colaboradores y trabajadores sociales, números claramente insuficientes de personal calificado para la atención adecuada de los pacientes.

En el presente hay un debate centrado en torno al necesario Anteproyecto de Ley 314, que establece normas integrales para la protección de la salud mental en Panamá. La polémica se centra en su artículo 17 que dice: 'la evaluación y certificación de la salud mental es un acto exclusivamente médico, de estricta competencia de un psiquiatra idóneo'. De ser aprobado, solo los psiquiatras tendrían la idoneidad de certificar el estado mental de las personas, excluyéndose a los psicólogos.

Gracias a la investigación, actualización y constante avance de las ciencias, hoy, el modelo biopsicosocial toma mayor firmeza. Es un enfoque participativo de salud y enfermedad que postula que los factores biológicos, psicológicos y sociales desempeñan un papel significativo en el contexto de una enfermedad o discapacidad.

Contrasta con el obsoleto modelo reduccionista tradicional, únicamente biológico, que sugiere que cada proceso de la enfermedad, puede ser explicado en términos de una desviación de la función normal, como un agente patógeno, genético o anormalidad del desarrollo o lesión.

Entonces ¿qué justifica no considerar a los profesionales de la psicología en la certificación de la salud mental?

Si un psicólogo, aún con sus conocimientos y competencias, respaldadas por claros marcos teóricos, validez y confiabilidad de sus instrumentos psicométricos, no puede evaluar y certificar la salud mental, ¿qué papel cumple en la sociedad?

En este complejo rompecabezas, cada profesional es importante y necesario. De faltar alguna pieza, quedaría incompleta la compleja tarea de la salud mental. Ya decía Carl Gustav Jung: “Hoy estamos tan llenos de aprehensiones y de temores, que uno no sabe exactamente a donde apuntan… necesitamos más psicología, necesitamos más del entendimiento humano y de la naturaleza humana”.

La psique, más que considerar al cerebro como una entidad material, hace referencia al mecanismo metafísico e intangible que se manifiesta y desenvuelve dentro del “gran órgano”. No se puede desvincular lo físico, de lo metafísico; hacerlo sería retroceder siglos en materia de conocimientos teórico-científicos.

En Jóvenes Unidos por la Educación, instamos al diálogo, basado en la evidencia y la objetividad, en el que el centro del debate sea siempre la persona. Psicólogos y psiquiatras no son antagonistas: son compañeros, aliados y complementos en el complejo mundo de la salud mental.

Este proyecto de políticas públicas marca un precedente en cuanto a la urgente necesidad de invertir en salud mental. Es la oportunidad perfecta para focalizar, priorizar y velar por la salud integral de los panameños, tan afectada por las consecuencias de la pandemia. Instamos a estar más unidos que nunca, sin segregaciones ni barreras entre los custodios de la salud mental. La salud mental es asunto de todos. Es nuestra responsabilidad abordar su atención juntos, como un equipo multidisciplinario y multiparadigmático, asegurándonos que en el rompecabezas no sobren ni falten piezas.

Los autores son estudiantes de psicología, miembros de Jóvenes Unidos por la Educación

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