[ADOCTRINAMIENTO]

El enemigo también está en casa

La amenaza del terrorismo acunado en el interior de Estados Unidos, algo que parecía ajeno, más propio de otros lugares, cobra fuerza a causa de un cúmulo de acontecimientos.

Internet se convierte en el canal para el reclutamiento de jóvenes dispuestos a saltar al radicalismo. La sombra del 11–S es alargada, planea sobre Estados Unidos desde hace más de ocho años. El caso de Umar Faruk Abdul Mutallab, el nigeriano que trató de destruir el pasado día de Navidad el vuelo entre Amsterdam y Detroit, no deja de ser un nuevo capítulo de la amenaza exterior. Pero, además, el enemigo también está en casa.

La amenaza del terrorismo acunado en el interior de Estados Unidos, algo que parecía ajeno, más propio de otros lugares, cobra fuerza a causa de un cúmulo de acontecimientos. Su expresión más reciente es la detención en Pakistán de los cinco de Virginia. Las alarmas se han encendido con el asunto de estos cinco jóvenes –nacidos aquí, universitarios, aparentemente bien integrados, que hablan inglés con acento americano– a los que se les acusa de viajar al centro del conflicto para recibir formación y atentar contra la tropas estadounidenses desplegadas en Afganistán. De momento, continúan allí detenidos, sometidos a la investigación de los agentes locales.

Su proceso de fanatización se condimenta, aseguran, de una forma diferente, alejada de la oratoria de los imanes en vivo y en directo. Su atracción hacia la yihad no surge tanto en el mundo real de las mezquitas, por lo general muy colaboradoras con las fuerzas de seguridad de Estados Unidos, como en el etéreo cielo de internet. De hecho, los vecinos y los compañeros de oración de estos detenidos insisten en que nunca observaron ninguna conducta extremista en ellos. “Nuestro grupo no discutía sobre política ni se hablaba de atacar a nadie”, subraya Mustafa Aby Maryam, director de voluntarios del Círculo Islámico de Norteamérica.

Su alistamiento, aseguran los investigadores, se ha producido mediante canales como YouTube o Facebook. Es lo que algunos han bautizado como el “Afganistán virtual”, una tupida red de web, sin fronteras, donde se crea un relato muy diferente al que presentan de forma habitual los grandes medios de comunicación del país. En la red, los soldados estadounidenses son los que matan a “los hermanos” cuando, destacan los especialistas del FBI, muchos de los musulmanes son víctimas del fuego de sus propios correligionarios.

Todos estos elementos han empezado a resquebrajar un consenso. Hasta ahora, los expertos sostenían que los musulmanes en EU eran mucho menos vulnerables a las llamadas del radicalismo. Llegaban a esta consideración a partir de la premisa de que el proceso de asimilación se había realizado de manera más positiva que en los países europeos. Pero la idea de que este territorio se encontraba bajo un manto de inmunidad respecto al terror casero se ha empezado a revisar. El caso de Virginia ha profundizado un debate que ya se apuntó el mes pasado tras la tragedia de Fort Hood. Entonces, el oficial Nidal Maliq Hasan mató a 13 compañeros de filas al grito de “Dios es el más grande”. Internet también desempeñó un papel esencial, por cuanto fue su conducto de contacto con un imán extremista, vinculado a Al Qaeda y asentado en Yemen.

“Los estadounidenses están aprendiendo lo que los ciudadanos de Indonesia, Arabia Saudí, España, el Reino Unido y otros países hace tiempo que saben, que algunos de los suyos matan a sus compatriotas”. El comentario corresponde a Daniel Byman, director del Centro de Estudios por la Paz y la Seguridad de la Universidad de Georgetown.

Otros analistas, como Robert Leiken, coinciden en la apreciación de Byman. Las diferencias entre Estados Unidos y Europa, según Leiken, siguen siendo relevantes. Sin embargo, el margen se recorta debido a la prolongación de las guerras de Irak y Afganistán. El reiterado uso de aviones sin piloto en bombardeos sobre supuestos objetivos militares, que dejan una estela de víctimas civiles, aporta material adicional para crear el otro relato, el reclutador de internet. Es lo que la secretaria del Interior, Janet Napolitano, ha denominado “la cara oscura de la red”.


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