En cualquier país donde la democracia exista mínimamente hay una línea que define claramente cuál es el momento en el que hay que hacer un adelanto electoral. Y existen diversos mecanismos, según los procesos internos de cada país, que pueden conducir a ese adelanto. Desde mociones de censura a gobiernos, pasando por la no ratificación anual de los presupuestos generales, y muchas otras vías. Pero más allá de cuál es el cómo, lo importante aquí es qué lleva a ese desenlace, y todas se resumen en una falta de apoyo al gobierno de turno.
Cuando un gobierno pierde el apoyo de gran parte del electorado que depositó su confianza, se comienzan a levantar sospechas de que algo se comienza a cocer, pero puede suceder que se siga teniendo apoyo de otros partidos de ideología afín con los que se ha llegado a ciertos acuerdos y eso alarga sin duda el periodo del gobierno. Aunque al final esos apoyos terminan por desaparecer, porque los ciudadanos desconfían también de ellos. En otras ocasiones existen apoyos de estamentos sociales, como sindicatos o del gremio empresarial, con los que se puede haber llegado también a acuerdos en inversiones extranjeras, impuestos, etc. Pero, normalmente, una falta de apoyo social acaba en una falta de apoyo del sector sindical, que significa un enfrentamiento con los gremios empresariales, y se forma el torbellino en el que nadie desea seguir apoyando al gobierno.
Pero si miramos el caso actual del gobierno panameño, veremos que no sólo es claro que hay una falta de apoyo de aquellos votantes que les auparon al poder, sino que los gremios sindicales van a comenzar a salir a la calle en masa si no comienza a haber cambios, pero es que esos cambios son los mismos que demandan los gremios empresariales, y dudo mucho que existan fuerzas políticas capaces de ponerse de acuerdo con el gobierno de turno para los próximos 4 años. Y es importante mencionar esos 4 años, porque es lo que prácticamente queda de periodo de gobierno. Y uno puedo dudar de si está capacitado para llegar tan lejos. Y, si se fija el lector, no ha habido ninguna mención a las razones que llevan a esta falta de confianza, y esto es verdaderamente relevante, porque no hace falta mencionar esas razones para llegar al párrafo final de este artículo.
Hay que reflexionar. ¿Es hora de solicitar unas elecciones anticipadas? Los mecanismos existentes para hacer la solicitud, ¿son suficientes o es necesario llevar a la sociedad y gremios empresariales hasta el límite de buscar una “revolución” que ponga en peligro aún más la economía, cimientos sociales, inversiones futuras, etc? ¿Es el gobierno lo suficientemente responsable para liderar este cambio y proponer elecciones anticipadas? ¿Hay un liderazgo en la oposición suficiente como para poder exigir este cambio? Y si la respuesta a todas ellas es un “no”, la pregunta es: ¿seguimos viviendo en una democracia?
El autor es ciudadano
