Se ha vuelto una fácil presentación de campaña en Nueva York: Hay que limpiar a Albany, arrasando con todo en una convención constitucional.
El fiscal general Andrew Cuomo, el candidato puntero para la gubernatura en este momento, ha tratado de vender su versión como una convención del pueblo, abarrotada de reformas. A pesar de lo tentador que suena, esta “con-con” como se denomina con mordacidad a esta convención constitucional en Albany, es una distracción. Si Cuomo o su oponente republicano quieren hacer que vuelva a funcionar el Gobierno en Nueva York, la respuesta es impulsar reformas por medio de la legislatura del próximo año. Una convención y después un voto en todo el estado sobre cualquier cosa que propongan los convencionistas se llevará años.
Lo que es peor, la legislatura tiene que empezar el proceso de convocar a esta convención constitucional. Luego, la elite política principalmente la legislatura tiene que seleccionar a la mayoría de los delegados. Si suena a un trabajo interno, lo es. Asimismo, es una gran pérdida de tiempo y de dinero. Cuomo propuso convencer a la Legislatura para ceder parte de sus poderes para seleccionar delegados. Sueña con tener menos legisladores, cabildeadores y funcionarios partidistas a los que se pueda elegir como delegados.
También quiere una comisión constitucional para ayudar a definir los temas, pero sólo como punto de partida para la convención. Después de eso, los delegados pueden votar sobre cualquier cosa incluso, el tipo de propuestas que tanto han maniatado al Gobierno en California. Al final, la constitución propuesta tendrá que ser ratificada por el electorado, gran parte del cual aún asiste a la primaria en este momento. Cuomo tiene todo un libro lleno de planes para curar al lamentable” gobierno estatal de Nueva York.
Quiere una comisión independiente para detener los abusos éticos antes de que alguien termine en la cárcel. Quiere que los legisladores revelen, algo que esperaríamos, su significativo ingreso externo, incluidos los abogados. Quiere limitar las contribuciones a las campañas y reformar drásticamente la forma en la que los legisladores crean sus propios distritos electorales para mantenerse en el cargo.
Ya sea que se elija a Cuomo o a su rival, esas reformas merecen ser prioridades urgentes; no alguna fantasía distante sobre una convención constitucional.