La reciente liberación unilateral de las FARC de seis de sus rehenes obedece a una estrategia para recuperar espacio político y su imagen internacional, deteriorada por los secuestros y tratos inhumanos a cautivos. En medio de la alegría de familiares, amigos y el mundo entero, surgió optimismo ante la posibilidad de un inminente acuerdo entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Gobierno para una negociación de paz. Pero, un pacto que ponga fin al violento conflicto interno aún se ve lejano y el optimismo debe ser moderado, destacaron analistas luego de la liberación, entre el domingo y el jueves, de tres policías, un soldado, el ex gobernador Alan Jara y el ex diputado Sigifredo López.
“Con esta liberación las FARC pretenden recuperar un poco el espacio político que han perdido después de que ganaron el descrédito universal y el rechazo nacional e internacional por la realización de tantos secuestros”, dijo Alfredo Rangel, analista de la fundación Seguridad y Democracia. También recordó que en febrero de 2008 millones de personas salieron a las calles de ciudades de Colombia y el mundo para rechazar a las FARC y exigir la liberación de los secuestrados, un acto sin precedentes contra la guerrilla.
Con las liberaciones, apoyadas por la Cruz Roja Internacional y Brasil, el grupo rebelde –que figura en una lista de Estados Unidos y la Unión Europea de organizaciones terroristas- admitió implícitamente que el secuestro político como vía de presión no les dio resultado sino desprestigio. Jara y López eran los últimos civiles privados de la libertad por motivos políticos. López dijo que su entrega y la de otros rehenes fue un acto político calculado.
Pero en poder del grupo rebelde activo más antiguo de América Latina siguen 22 efectivos de las Fuerzas Armadas que buscan intercambiar con el Gobierno por cientos de guerrilleros presos, a través de un acuerdo, para el cual el presidente Alvaro Uribe podría seguir pidiendo ayuda internacional.
Inicialmente países como Francia, España y Suiza acogieron el llamado de las FARC para impulsar un acuerdo humanitario que permitiera sacar de la selva a los rehenes, pero no lograron avance por las posiciones radicales de las partes. El tema de los rehenes perdió relevancia después del rescate por parte del Ejército de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y tres estadounidenses, considerados como los de más valor político y estratégico para un acuerdo. “Quedamos en una situación en la que los secuestros políticos, que las FARC en su momento creyeron que iban a ser una gran carta de negociación con el Gobierno, fracasaron”, dijo Claudia López, analista especializada en el conflicto.
