El estrés no solo aqueja a las personas, también afecta a los perros.
“Estrés” significa tensión, y cuando sobrepasa los límites, se produce una ruptura o desorden. Esta tensión en los perros puede derivar del miedo, el exceso de actividad, encierro, cambio de hábitat, etc.
Los disparadores pueden darse tanto en lo físico como en lo psicológico, mostrando los mismos síntomas.
Los cánidos poseen un mecanismo de defensa natural ante esta perturbación. Comienza a funcionar cuando la descarga de adrenalina es excesiva, provocando la reversión del proceso. Esto actúa, siempre y cuando no haya algún otro tipo de problema asociado.
Las sesiones de adiestramiento jamás deben superar la media hora, ya que el exceso de información en el aprendizaje provocaría un retroceso en la capacidad de concentración y asimilación. El desorden en las rutinas y los cambios permanentes de estructuras también gatillan el estrés.
Los perros se manejan por estereotipos o escenas, y enfrentarse a permanentes cambios de escenario les produce un gran esfuerzo de adaptación.
La ansiedad, inapetencia, baja de defensas, lamidas obsesivas de sus patas, caída de pelo, automutilaciones y ladridos sin causa aparente son algunas de las manifestaciones del estrés.
Si las personas que conviven con el can sufren de extrema tensión, es probable que le trasladen esta energía. Equilibrio, orden, control, diversión, compañía y evitar presiones extremas hará que superen la crisis.
El autor es fotógrafo especialista en animales y jurado canino.
