Ante la incertidumbre de la crisis económica global, muchos países han comenzado a aplicar el llamado proteccionismo, consistente en políticas públicas que intentan proteger la producción nacional frente a la competencia extranjera. Resulta paradójico que en un mundo globalizado se acuda a estas prácticas que limitan el libre flujo del comercio.
Para países pequeños como Chile, cuyo modelo económico dedica casi un 60% de su PIB a las exportaciones, cualquier tipo de medida proteccionista resulta devastadora.
Poco a poco se ha ido formando una ola de proteccionismo, que pudiera provocar que se extienda y profundice la actual crisis. La primera señal provino del Congreso de EU, al aprobar una cláusula en el plan de estímulo económico por 787 mil millones de dólares del presidente Barack Obama, denominada Buy American (Compre estadounidense), que exige a las empresas utilizar acero y otras materias primas de procedencia nacional.
La industria automotriz estadounidense ha recibido más de 17 mil millones de dólares para que no siga perdiendo empleos, que pudieran llegar a dos millones y medio de desocupados, lo que también se pudiera interpretar como una acción proteccionista. Desde hace un año, el premier británico, Gordon Brown, ha impulsado la campaña “Empleos británicos, para trabajadores británicos”, para evitar la contratación de inmigrantes. El Gobierno ecuatoriano también decretó el lema: “Primero Ecuador”, elevando los aranceles a casi mil productos importados, incluyendo productos electrónicos, de transporte, materiales de construcción y alimentos.
Las actuales medidas proteccionistas se producen pese a los llamados hechos en noviembre por las cumbres de mandatarios del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico en Perú; y la del Grupo de 20 naciones más industrializadas o G-20, en Washington, las cuales instaron a promover la liberalización del comercio como un medio para detener la crisis.
Aún es muy pronto para predecir los efectos que esta ola proteccionista tendrá en la economía mundial. Pero ya en diciembre pasado el Banco Mundial calculaba que el comercio va a caer por primera vez en 27 años y retrocederá un 2.1% frente al crecimiento del 6% registrado en 2007. La próxima semana, se reúne de nuevo el G-20 en Londres, y allí se debatirá otra vez sobre la conclusión de la Ronda de Doha para el Desarrollo, que busca acordar reglas para el libre comercio en el mundo. Si los gobiernos siguen blindando sus economías, crecerá la incertidumbre ante la recuperación y se prolongará la debacle económica desatada en EU.