Los gobiernos del mundo preparan planes de estímulo fiscal en gran escala que provocarán déficits presupuestaros sin precedentes en época de paz. Es probable que el déficit fiscal de este año en Estados Unidos supere el 10% del PIB. Una parte importante del aumento del déficit se deberá a una gran diversidad de nuevos gastos públicos.
En circunstancias normales, me opondría a ese aumento del déficit presupuestario y del nivel de gasto público. Cuando una economía se aproxima al pleno empleo, el endeudamiento estatal para financiar déficits presupuestarios puede expulsar la inversión privada que aumentaría la productividad y el nivel de vida. Los déficits presupuestarios aumentan la deuda pública, por lo que hacen falta impuestos mayores para pagar sus intereses. Los mayores tipos impositivos resultantes distorsionan los incentivos económicos y debilitan los resultados económicos.
Naturalmente, cierto gasto público es deseable o necesario, pero un aumento de los desembolsos públicos supone con frecuencia un derroche que produce menos valor que el que obtendrían los consumidores con los mismos dólares. Sin embargo, ahora se están justificando el aumento del gasto público y el consiguiente incremento del déficit fiscal por considerarlos necesarios para abordar la contracción económica... importante cambio respecto del recurso a la política monetaria con el que se abordaron recesiones anteriores. La política fiscal anticíclica había quedado desacreditada en gran medida por los retrasos que entrañaba la aplicación de los cambios fiscales y la débil respuesta de las familias a las rebajas fiscales temporales. En cambio, el banco central podía reducir los tipos de interés rápidamente, lo que contribuyó a aumentar el gasto de las familias y las empresas mediante diversos cauces.
No obstante, apoyo la utilización del estímulo fiscal en EU, porque la recesión actual es mucho más profunda que las contracciones anteriores y diferente de ellas. Aun con una lograda política anticíclica, es probable que esta recesión dure más y resulte más dañina que cualquier otra desde la gran depresión del decenio de 1930.
La reducción en un 40% del mercado de valores de EU y el espectacular descenso de los precios de la vivienda han reducido la riqueza de las familias americanas en más de 10 billones de dólares, lo que probablemente reducirá el gasto de los consumidores en más de 400 mil millones de dólares, y el desplome en la construcción de nuevas viviendas ha reducido el gasto de la construcción en otros 200 mil millones de dólares. Esa reducción en 600 mil millones de la demanda equivale a más del 3% del PIB. Si no se invierte, causará más reducciones de la producción, del empleo y de las ganancias, lo que provocará más reducciones del gasto de los consumidores.
La reacción habitual de la política monetaria consistente en reducir los tipos de interés no puede invertir esa pronunciada reducción de la demanda. Las disfunciones de los mercados crediticios causadas por el incierto valor de las acciones respaldadas por activos hacen que los bancos y otras entidades financieras no puedan recaudar fondos y no estén dispuestos a prestar. A consecuencia de ello, los menores tipos de interés del banco central no se plasman en un aumento del gasto en inversión y consumo sensibles a los tipos de interés. Así, pues, si queremos invertir la contracción actual, no hay una opción substitutiva de la política fiscal. El aumento resultante de la deuda nacional es el precio que nosotros y las generaciones futuras pagaremos por los errores que crearon la situación económica actual, al propiciar un abaratamiento del riesgo y el consiguiente aumento de un apalancamiento excesivo.
