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Celebración

Feliz Navidad…

Nuevamente llega diciembre, y toca celebrar la Navidad. Una fiesta llena de simbolismos, regalos, tradiciones y recuerdos. Cada quien la celebra a su manera, enmarcada por lo general en lo que han sido las costumbres de su familia o sociedad.

Pero esta semana, gracias a las redes sociales, me tocó ver otra cara de la celebración navideña, que vale la pena comentar. El caso es que mi buen amigo Erasmo, gracias a su particularísimo sentido del humor, envió un mensaje a Twitter, en el que ponía una foto sacada de internet en la cual aparecía un nacimiento, cuyas figuras tradicionales fueron reemplazadas por superhéroes y personajes del cine y la televisión. José y María eran representados por Batman y la Mujer Maravilla; el ángel era Mickey Mouse; el niño Jesús era E.T, y los Reyes Magos fueron reemplazados por Drácula, Frankenstein y el Hombre Lobo. La foto no tenía nada de especial, pero Erasmo, decidió acompañarla de un mensaje que decía: “Logré sacar una foto del nacimiento en casa de @drpichel”.

Cuando la vi, me pareció de lo más ingenioso, y le seguí la corriente reclamándole ignorar al rinoceronte en el portal o la jirafa comiendo hierba del pesebre. Obviamente, nada más allá de una broma entre buenos amigos.

Lo inaudito fue que las respuestas de todo tono no se hicieron esperar. Algunos, especialmente quienes nos conocen, la tomaron como lo que era: una simple broma. Pero otros -que nunca faltan- se sintieron terriblemente ofendidos por la representación del nacimiento con figuras diferentes a las tradicionales. Y no se limitaron a ofenderse para ellos solitos, sino que compartieron su ira con todos los demás, despotricando por la “falta de respeto” que representaba aquello para todos los católicos.

Llegué a leer cosas tan estúpidas como que “los ateos no tienen derecho a celebrar la Navidad”. Por eso, voy a aclarar mi forma de pensar sobre estas fiestas, porque creo que cada quién es muy libre de hacer en su casa lo que le plazca, sin que nadie opine al respecto. Como dije en Twitter: “si a alguien le sale del cremáster poner un nacimiento con ornitorrincos en vez de ovejas, y con Navy Seals en lugar de Reyes Magos, es su problema y a nadie debe importarle”.

Para comenzar aclaro que me encanta la Navidad. Yo no la veo como una celebración religiosa ni mística. Como no creyente (lo de ateo, escéptico, agnóstico o libre pensador es pura semántica), para mí no representa el nacimiento de ningún salvador ni mucho menos. He leído análisis académicos que sugieren que el personaje histórico que conocemos como Jesús, debió nacer sobre el mes de junio y no en diciembre. Por miles de años, se celebró fue el solsticio de invierno, que era señalado ya desde el Neolítico y la Edad de Bronce, como la época en la que se sembraban los campos. Además, existen por lo menos una docena más de dioses y diosas -mucho más antiguos que Jesús- que supuestamente nacieron cerca al solsticio de invierno. Muchos de ellos supuestamente hijos también de una mujer virgen. O sea, que lo que se celebra en Occidente el 25 de diciembre, no es tampoco una idea tan original.

Mi entusiasmo por las fiestas navideñas es porque, en mi familia, donde nunca se dio relevancia a aspectos religiosos, siempre fueron vistas como las fiestas familiares por excelencia, en que uno se reúne con amigos, celebra la amistad y todo lo bueno ocurrido durante el año, y recuerda a quienes ya no están en cuerpo, pero que siguen presentes en nuestros recuerdos. Nos encantan los villancicos y las tradiciones de esas fechas.

Mi esposa disfruta tremendamente decorar ella nuestra casa con el árbol -todo decorado con manualidades de su propia factura-, así como colocar su villa invernal -con V y no con F-, y un nacimiento lleno de figuras tradicionales y no con superhéroes de los comics. Nos damos regalos, nos reunimos toda la familia la noche del 24, y abrimos los regalos como parte de una tradición que recuerdo desde que era muy, muy pequeño. Siempre, lleno de la alegría que genera compartir con quienes uno quiere, con o sin lazos familiares.

Parafraseando a Luis Aguilé, “por eso y muchas cosas más”, la Navidad sigue siendo una fiesta muy especial para mí y mi familia, la cual espero poder seguir disfrutando todos juntos. Y, de igual modo, espero que todos las celebren por la razón que quieran o por el significado que quieran darle. Finalmente, eso es lo que espero, cuando le deseo a alguien: feliz Navidad…

El autor es cardiólogo


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