[DESCONCIERTO POLÍTICO]

El ‘gobernator’ se estanca

California, el estado más grande y más rico de la nación, se ha convertido en el ejemplo paradigmático del mal manejo político de las finanzas públicas.

Al asumir la gubernatura de California hace poco menos de seis años, Arnold Schwarzenegger prometió recomponer el estado empezando con la eliminación del descomunal déficit presupuestal de un poco más de 30 mil millones de dólares. Hoy, se calcula que el déficit ronda los 24 mil millones de dólares, una cifra mayor que el producto interno bruto de Nicaragua.

Por otro lado, el desconcierto político y el desequilibrio económico siguen siendo la norma en el estado y las probabilidades de que en los 18 meses que le quedan en el puesto, el gobernador pueda convertirse en el agente del cambio que California necesitaba son mínimas, por no decir que nulas.

Cargarle la cuenta entera del desbarajuste a Schwarzenegger sería desproporcionado e injusto. Para construir un desastre de esta magnitud, en un estado que si fuera una nación sería la octava economía del mundo, mayor que la de España, México o Canadá, se requiere de la participación de muchos actores. Sin embargo, el hecho de que la culpa sea compartida no exime al gobernador de su responsabilidad en la catástrofe y no le excusa por haber incumplido sus promesas de campaña.

Para muchos observadores, las cosas quizá podrían haber estado mucho mejor si el gobernator, hubiera aprovechado la inmensa popularidad que su condición de estrella de Hollywood le confería recién ganada la elección de gobernador.

Sus niveles de aceptación llegaron a niveles tales que hubo quienes pensaron en él como el posible salvador del país entero e inclusive llegaron a sugerir la posibilidad de modificar la Constitución del país para que se permitiera la elección de un ciudadano naturalizado a la Presidencia.

Durante los primeros seis meses de su mandato los demócratas se percataron de sus propias limitaciones y del inusitado poder de un Ejecutivo que contaba con un claro y decisivo poder ciudadano y avanzaron en algunos proyectos de beneficio mutuo, pero se atascaron en la gran iniciativa de Reforma del Estado que habría destrabado las enormes fallas estructurales que impiden el saneamiento de las finanzas públicas en el estado.

A un año de su elección, la legislatura estatal más preocupada por asegurar su permanencia en el sistema político, saltando de puesto en puesto, volvió al dolce far niente sabiendo que la reelección (aunque limitada) y la incumbencia les garantizaban una larga vida dentro del presupuesto.

Hoy, California y sus 37 millones de habitantes están metidos en un inmenso hoyo que no parece tener salida. Siendo ya el estado más grande de la Unión Americana, en los últimos 50 años ha triplicado su población aún cuando las migraciones internas y externas han disminuido. Crecimiento que ha creado un aumento en la demanda de servicios públicos como educación, transporte, salud, sistemas correccionales que no pueden ser satisfechos mientras el estado mantenga vigente un complicado sistema político plebiscitario que obliga al gasto en proyectos que sólo benefician a ciertos grupos económicos o políticos y dificulta extraordinariamente cualquier aumento a los impuestos.

El estado más grande y más rico de la nación se ha convertido en el ejemplo paradigmático del mal manejo político de las finanzas públicas. Y no han faltado las voces que claman porque el gobierno federal venga al rescate de la misma manera que protegió a los bancos, las aseguradoras y a la industria automotriz.

Desafortunadamente, para California el rescate federal es, por ahora, poco probable. Entre otras cosas porque mientras no se plantee una reforma radical del Estado no hay posibilidad de salvación. Este es el gran reclamo que California le hace a Schwarzenegger, el político que desperdició la oportunidad dorada que los votantes le dieron.

Con un futuro político incierto por su inacción en California e inhabilitado por la edad para seguir interpretando personajes en las películas de acción que le hicieron famoso, Schwarzenegger tendrá que volver a reinventarse en el sosiego de la inacción.


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