Reconquistar espacios políticos perdidos, utilizando el camino que revive -en el siglo XXI- el espíritu de los golpes de Estado, pone en peligro los modelos políticos democráticos y alentará la conformación de gobiernos de facto.
Dice un aforismo heredado de nuestros antepasados “la bola pica y se extiende” y en otro refrán se indica que “al ver las bardas (la cerca) de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo”.
Es poco probable que los países poderosos a nivel global reconozcan futuras acciones de los golpistas, desoyendo el mandato de la OEA, tal y como sucedía en la Guerra Fría en donde los estados de centro conformaban alianzas ideológicas con países de la periferia, soslayando los principios democráticos.
Las alianzas ideológicas no pueden estar por encima de los objetivos del milenio y por ello es urgente evitar acciones de violencia y el aumento de mártires hondureños.
Actualmente, el gobierno de facto de Honduras justifica su acción golpista calificando a distintos países de la OEA como culpables de la “influencia comunista” en Centroamérica.
Quizás muchos ciudadanos ignoran que el sistema económico comunista en el mundo se encuentra en plena extinción por inoperante y el 98% del planeta funciona con el sistema económico de libre mercado.
Por ejemplo, China Continental bajo el liderazgo de Den Xiao Ping, abandona el sistema económico comunista en los años 80, sin desmontar el sistema político y el sistema de gobierno.
Mijail Gorbachov, en 1989, promovió en las naciones de la esfera soviética el cambio total de los tres sistemas. No obstante, en Corea del Norte y Cuba todavía el Estado ejerce el dominio completo del sistema económico, político y gubernamental. En el resto del planeta se incrementa la práctica democrática para fortalecer los sistemas políticos, mejorar el desempeño de los sistemas gubernamentales aplicando transparencia y se trata de humanizar el sistema económico de libre mercado con regulaciones variantes.
En América, las regulaciones aplicadas por los gobiernos responden a pensamientos heterogéneos dentro del espectro político, unos de derecha, otros de izquierda o de centro (los de centro toman las mejores ideas de distintas tendencias), pero el denominador común es el rechazo a los golpes de Estado.
En síntesis, en la OEA no es permisible en el siglo XXI deponer por la fuerza a ningún gobernante. Las prioridades del milenio deben estar por encima de las tendencias políticas y los intereses económicos prevalecientes.
Un Estado de Derecho exige compromisos para reducir la pobreza, promover el respeto a la democracia, a los derechos humanos, para mejorar la calidad de vida de la población observando protección al ambiente, y evitar explosiones sociales puntuales en diversos temas, entre otros aspectos.