‘‘Crecí en un hogar de maestros, quienes me enseñaron a vivir. Por eso hoy traigo la medalla Manuel José Hurtado, el mejor regalo que pude heredar de mis primeros maestros: mis abuelos. Gracias a ellos entiendo el sacrificio y la entrega de los maestros. Todas las teorías pedagógicas fueron aplicadas en nuestro hogar. Las de otros y las de ellos: la escuela sin fracasos, el amor a la libertad, la lectura, los valores. Nuestra casa en vez de lujos, alberga libros. Desde pequeños, mis primeros maestros me invitaban a conversar y debatir sobre lo que sucedía en Panamá y en el mundo.’’ Con estas palabras, me dirigí a mis maestros hace 6 años, en un acto de reconocimiento en el Día del Maestro.
Era finales de noviembre cuando estaba en décimo grado. Pensé que, después de más de una década de servicio, era el momento preciso para homenajear a mis maestros y profesores. Algo me decía que debía organizar un acto en el que le entregaría a cada profesor una medalla que dijera su nombre y la frase “MAESTRO ESTRELLA”.
Maestro estrella . Es una frase que alberga un profundo significado. Hay maestros estrellas en todos los rincones del país. Hay educadores que, desde que se anunció la suspensión de clases, idearon mecanismos para preservar el proceso educativo de sus estudiantes. En los noticieros nos conmovió la historia de una docente quien, con la ayuda de su esposo, localizó a sus estudiantes y les entregaba las tareas, cumpliendo con las medidas de bioseguridad. Fuimos testigos de cómo docentes, con mucho ánimo, convirtieron sus casas en salones de clases, con la misión de hacer que la Educación no pare.
He podido conocer a maestros valiosos en Jóvenes Unidos por la Educación, en
mi trabajo y en la fundación que presido. Me he encontrado con maestros quienes, con pasión y entrega, han sabido honrar la estrofa del himno al maestro: “que pone la luz de la vida en el alma de la juventud”.
En ese homenaje a la labor del Maestro y, hoy, seis años después, quiero dedicarle a todos los docentes de Panamá, las palabras que compartí con mis maestros de la escuela. “Es un privilegio contar con maestros como ustedes, que nos reciben como sus hijos, que se entregan al cumplimiento de la misión de enseñar aunque no sea fácil. Nos corresponden nuevos tiempos, con las tecnologías, la ausencia de los valores morales, la cultura del desecho y la superficialidad, lo fácil y la indiferencia ante el conocimiento, de algunos jóvenes y adultos. El desafío es mayor. Hoy, les agradecemos por todas sus atenciones, hoy les agradecemos por la sabiduría compartida, por guiar nuestros pasos ante un mundo incierto. Son ustedes, mis queridos maestros, quienes nos educan y forman en la comprensión profesional y altruismo sincero por Panamá: ¡Felicidades en su día!”
Sabemos que son tiempos difíciles pero vendrán días mejores. Retomarán ese lugar en la sociedad que les corresponde: el lugar más importante, el de agentes cambio y transformadores sociales.
La pandemia ha demostrado la importante misión del educador cuando el aula de clase se desplazó al hogar, producto del distanciamiento social. Sabemos que han tenido pruebas difíciles con la educación a distancia y el uso de la tecnología.
Hoy hay más conciencia del papel de la educación para tener una mejor sociedad y el rol crucial de los buenos maestros. Mi continua admiración y respeto a quienes dan lo mejor de sí cada día y sin descanso, a quienes dijeron presente a la adaptación de las clases presenciales a una modalidad educativa a distancia.
Son ustedes, queridos docentes, pieza clave en el engranaje que se necesita para la reestructuración de un sistema educativo que permita cerrar la inmensa brecha de desigualdad que existe en nuestro país. Tienen en sus manos la responsabilidad de formar al tesoro más grande de cualquier nación : su niñez y juventud.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación y Presidente de Fedupro