El Gobierno, por más que intente negarlo, subió el salario mínimo no pensando en el mejor interés del trabajador, sino en el beneficio político que podría obtener al hacer ajustes que no están sustentados en la productividad o métodos científicos que beneficien a los propios asalariados.
Este aumento, al leer la letra menuda, también esconde vendettas contra empresarios que no comulgan con el Presidente de la República, su gobierno o sus políticas.
Pero, al margen de ello, los expertos y los propios afectados aseguran que este desproporcionado aumento de salario sin duda alguna perjudicará a la pequeña empresa, generará despidos, provocará el aumento del costo de la vida, y aquellos que gozan de un sueldo superior al mínimo verán disminuir rápidamente su poder adquisitivo.
Y todo ello porque el Gobierno está empeñado en crear una falsa ilusión, un peligroso espejismo con el fin de apuntarse votos en los comicios del próximo año.
La irresponsabilidad de esta administración no conoce límites a la hora de buscar perpetuarse en el poder y vengarse de sus enemigos. Este remedio terminará convirtiéndose en la enfermedad.
