Minería

Idealismo pragmático

Idealismo pragmático

Mi objetivo de vida siempre ha sido mantener la llama de mi idealismo encendido. Sin importar la cantidad de años que llevo vividos y a pesar de mi pragmatismo como constructor de cosas, espero que la edad nunca me lleve el cinismo paralizador.

Todos los seres humanos tenemos dos impulsos naturales: el individualista (mi familia y yo) y la justicia. A todos nos molesta la injusticia, pero a veces no lo suficiente como para accionar en pos de lograr corregirla.

Yo sueño con un país nuestro sin pobres. ¿Idealismo? Sí, sin duda alguna.

¿Pragmatismo? También, si miramos el vecindario con explosiones sociales que amenazan con destruir los sistemas de libertades. No puede haber nada más pragmático que accionar para evitar que las desigualdades sociales y la terrible frustración produzca explosiones que destruyen nuestro sistema de libertades.

O sea que, dicho en muy pocas palabras, querer accionar para eliminar la pobreza es idealista y pragmático, como el título de este escrito.

El viernes pasado relaté cómo mi posición anti mina había evolucionado hacia una “pro”, condicionado y que viniera con la directa capitalización a toda la población –sin intervención del gobierno–, logrando la eliminación total de la pobreza.

Si acepto un desarrollo futuro de la industria de la minería decidido, por consenso nacional, si las afectaciones son limitadas y reguladas y la contraparte económica, que podría ser de miles de millones de dólares, no sea solo para gobiernos (ineficaces y corruptos) sino que la mitad de ese dinero vaya directo a una cuenta especial llamada “Fondo de Capitalización Social”, en la que todo ciudadano por nacimiento reciba en el Fondo una cuenta que llegue hasta un mínimo de $50,000 por persona, antes de poder disponer de ella, con un reglamento estricto (cuyo desarrollo comienzo a pensar).

La cuenta sería propiedad del Estado para sus ciudadanos (no del gobierno), manejada por cinco CEO’s de bancos panameños con calificación de riesgo internacional y pagará intereses de mercado.

Como todo panameño tendrá un capital mínimo de $50,000 en un hogar promedio de mujer, marido y dos hijos- total, cuatro personas nacidas en Panamá -, su capital familiar sería $200,000 y -¡súbitamente!- se eliminó la pobreza en Panamá.

Algunas ideas para el desarrollo de la cuenta:

1) No se puede tocar, enajenar o poner en garantía hasta llegar a un mínimo de $50,000 por persona.

2) Al llegar a esta cifra de capital, solo se podrá disponer de la misma para inversiones igualmente de capital. Por ejemplo: a) para comprar una vivienda terminada, cuyo valor seguiría como capital familiar; b) para educación privada de calidad certificada, ya que no hay tiempo para esperar 30 años a que la educación pública llegue a niveles de calidad aceptables. Será el capital humano de cada familia, produciéndose capacidad de movilización social; c) para iniciar un negocio propio (con estudio básico de factibilidad).

Sería capital de la propia empresa familiar.

3) Igualmente, podría dejarlo como ahorro y los intereses le producirían unos $200 al mes, conservando el capital intacto.

Como los $50,000 son un mínimo, ésa cifra irá aumentando al darse las contribuciones mineras. Sólo con esta compensación directa a cada hermano en la nacionalidad, eliminando la pobreza (idealismo), soy capaz de aceptar el desarrollo de la industria minera integral, pagando los costos (que los hay) en la conservación del medio ambiente.

Piénselo amigo(a) lector(a). Le pido a mis lectores que consideren esta idea revolucionaria (aún está en borrador esperando que ustedes le sumen o resten). ¿Qué les parece el “idealismo” de lograr así un país sin pobres? ¿Que toda la población nacida aquí tenga un capital y con un aprendizaje automático de cómo manejarlo en forma “pragmática”?

Le toca a usted completar la idea y empujarla (hasta con una cláusula constitucional si logramos la constituyente paralela).

¡Pensemos, decidamos, actuemos y ejecutemos! Está en nuestras manos.

El autor es fundador del diario la Prensa

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