A los hombres nos acusan las mujeres, muchas veces con bastante razón, de que somos como niños de siete años que no terminamos de crecer, salvo que nos pase algo de impacto.
Eso nos lo repiten hasta la saciedad nuestras madres, abuelas, tías, novias, amantes, esposas y queridas.
Seguro que varios de nosotros somos inmaduros en nuestros actos, opiniones y decisiones.
Es más que válido que nos critiquen las damas porque los hombres nos creemos muy machos, fuertes e imbatibles en cada acto que hacemos o que acometemos, cuando en el fondo sabemos o deberíamos saber que somos tan frágiles y tan vigorosos como cualquier otro ser humano.
No cuestiono que generalmente somos unos Peter Pan modernos que nos negamos a crecer como es debido, por rebeldía o comodidad o porque nos da la soberana gana, pero de allí a que todos nos parezcamos a los personajes de la película Son como niños es un insulto y grande.
Esta comedia simpática narra el reencuentro de cinco amigos, que se conocieron en los primeros años de la infancia, y que vuelven a estar juntos a raíz de la muerte de su estimado entrenador de baloncesto.
Para honrar a ese hombre que les enseñó sobre pases y rebotes, no solo volvieron a encontrarse sino que además se les ocurrió la increíble idea de llevar a sus sufridas esposas y a sus traumados hijos para hacer en conjunto una familia enorme, deforme y enloquecedora.
En ese espacio, en el mismo lugar donde 30 años atrás celebraron el haber ganado un campeonato de baloncesto, caen en cuenta (como si no se notara a leguas en el comportamiento de cada uno de ellos) qué poco han crecido a lo interno este par de imbéciles.
Son como niños es el típico caso de un elenco de alto calibre (están reunidos lo mejor de la comedia norteamericana), que es dirigido por un realizador ausente de toda capacidad y de mirada cero como es Dennis Dugan (Los declaro marido y marido y Seguridad nacional) y como si aquello ya no fuera un desastre en términos artísticos y estéticos, unos y otros usan un guión, entre absurdo, simplista y moralizante, a cargo de Adam Sandler y Fred Wolf.
No niego que el sencillo y obvio argumento de esta aburrida comedia está condimentado de chistes agradables (unos cuantos), de otros groseramente escatológicos (los más) y que sus intérpretes Adam Sandler, Kevin James, Chris Rock, Steve Buscemi, Rob Schneider y David Spade conocen de sobra el trabajo de hacer reír, pero se enfrentan ante una película sin norte, ni forma, ni mucho menos fondo.
Al final, la moraleja de Son como niños es que los hombres seremos arrogantes, caprichosos, infantiles, autoritarios y ridículos, pero más allá de eso, somos gente de buen corazón.

