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Masacre en la comarca

Ignorancia y fanatismo

No estaba muy claro si escribir esta semana sobre el enredo del juicio político a Donald Trump y la vergonzosa manera como el bloque republicano en el senado está tratando de bloquear todo el proceso legal, o si mejor me quedaba más cerca, para analizar el absoluto desastre que parece ser la situación financiera de la Caja del Seguro Social.

Pero, en lo que estaba decidiendo, apareció la noticia que nos ha dejado estupefactos, sobre la masacre en la comarca Ngäbe, y que me parece justifica tratar de analizar cómo se puede llegar a cometer semejante salvajada. Así que, aunque no sea muy agradable el tema, tratemos de dedicarle algo de tiempo a entender todo esto y las reacciones que se han dado.

Según lo que dicen las noticias, todo comenzó con tres personas que fueron atendidas en el hospital Chicho Fábrega en Veraguas, dos con traumas múltiples en el cuerpo, y el tercero con quemaduras en la boca y garganta. La explicación fue que habían sido sometidos a un exorcismo por parte de un pastor en la comarca. Si bien la noticia ya justificaba poner a trabajar a las autoridades para determinar qué estaba pasando, ese primer día no se sospechaba lo que había en el fondo de todo aquello. Al día siguiente, personas que lograron huir de los rituales del grupo, denunciaron que se estaba maltratando a personas que habían sido llevadas sin su consentimiento.

Al llegar al lugar, la policía encontró a quince personas y a diez “pastores” de la “Iglesia Nueva Luz de Dios”, en una casa que utilizaban como “templo”. Al seguir las pistas de quienes dieron la denuncia, se encontró a unas dos horas del lugar de los rituales, una fosa común con siete cadáveres que correspondieron a seis menores de edad (entre uno y diecisiete años) y una mujer de 35 años con cuatro meses de embarazo (y a su vez madre de cinco de los menores). Los cuerpos tenían señales de tortura, y tendrían entre 24 y 48 horas de haber fallecido.

Al progresar la investigación, se descubrió que el líder de la supuesta iglesia cristiana evangélica Nueva Luz de Dios -que no es reconocida oficialmente como tal- era a su vez el abuelo de los cinco niños fallecidos. Según una de las noticias, había sido corregidor en el área y aspiró a un cargo político recientemente. Por los apellidos de los detenidos, todo indica que entre los miembros de la secta habían varios miembros de la misma familia.

Ante semejante masacre, cabe la pena cuestionarse como se puede llegar a cometer semejantes abusos contra otras personas, especialmente contra niños que, seguramente, no tenían la menor idea de qué era lo que estaba pasando cuando fueron asesinados. Según las descripciones en los medios, los rituales consistían en amarrarlos y golpearlos con una Biblia, mientras se les amenazaba con un machete, exigiéndoles que “vomitaran los demonios”. Otras versiones hablan de que los afectados eran católicos, y que se les exigía convertirse al culto de la supuesta iglesia evangélica y, al negarse, seguían siendo golpeados hasta morir.

Otro hecho curioso, es como ha respondido nuestra sociedad ante semejantes actos aberrantes. A mi modo de ver, uno de los hechos más sorprendentes, fue como en las redes sociales, muchas personas salieron inmediatamente a negar que fueran una secta cristiana, y a tacharlos de “satánicos”. Pues, según la descripción en todas las noticias (incluyendo las aparecidas en medios internacionales), todo correspondió a rituales de exorcismo por parte de pastores autodenominamos cristianos y evangélicos. Además, la utilización de una Biblia para “sacar los demonios”, hace difícil que se les identifique con ninguna otra denominación religiosa.

Otro argumento bastante común fue que “no podían ser cristianos, porque eso no es propio de lo que predicaba Cristo”. En ese sentido, vale la pena recordar todo lo que se ha hecho durante la historia “en nombre de Dios y Jesucristo”. Para poner dos ejemplos sueltos, Jim Jones mató a ochocientas personas en Guyana en la década de los 70 bajo argumentos “cristianos” y durante la Inquisición, se castigó por herejes, desde quemando en la hoguera, hasta serruchando longitudinalmente a mujeres acusadas de adulterio.

Aún siguen las investigaciones en la comarca, y esperemos no encuentren más víctimas de estos asesinos “en el nombre de Dios”. Pero, mientras se siga dando esta funesta combinación de ignorancia y fanatismo religioso, estas historias seguirán pasando. De alguna manera, debemos entender que tenemos la responsabilidad de dar prioridad al pensamiento crítico, la educación y el humanismo para prevenir estas aberraciones. De nuestra sociedad depende…

El autor es cardiólogo


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