¿Y a quién le importa el arte?

Como no creo en brujas y desconfío plenamente de la masa política, me da igual a quién pongan en el nuevo trono ministerial; a mí todo eso me parece una ilusión óptica en la que terminará perdiendo el renglón cultura.

Y cada vez que lo digo siento el filo de la indiferencia colectiva: "Digo, para lo que hace el INAC", y en el peso de la muletilla confirmo que mis preocupaciones son ciertas: a nadie le importa.

El asunto -si resulta cierto- terminará en un gran show mediático, con discurso redentor incluido, para demostrar que a la Patria Nueva le preocupan los parientes pobres: la cultura y el turismo. ¿Y luego qué?

La avanzada promociona que al elevar a las hermanitas huérfanas, juntas, a un escaño en el gabinete, obtienen relevancia, representación y autonomía financiera. Señores, ¿a qué estamos jugando?

Hablando estrictamente por el INAC -de turismo solo sé que anda manga por hombro, nada más-, el problema de políticas culturales ya era un tema relevante en este país desde antes que se creara el instituto, que por cierto representa al sector y a su vez es representado por el Ministerio de Educación en el gabinete.

¿Y vamos a hablar de plata? Primero: si al Estado panameño -es decir, todos nosotros- le preocupara el arte y la cultura, el presupuesto de inversión del INAC no sería cero.

Y segundo (y no se contradicen): Claro que la plata ayuda y es buena, pero como diría El Barbudo "acá lo que hace falta es voluntad compañeros, eso es todo chico"; solo por citar el caso de Cuba que, proporciones guardadas, está económicamente asfixiada y, sin embargo, en el tema nos lleva cancha.

En la esquina contraria, el turismo ya tiene quien vele por él. Ante los ojos tuertos "es más importante" apoyarlo para que entre el dinero al país, y además cuenta con más recursos para operar. Con lo cual, esa evidente ventaja que tiene en el psique del panameño, me hace pensar que es el INAC el que saldrá perdiendo en todo esto.

Ok, vamos a decir que yo soy paranoico y nada de esto va a pasar. Perfecto, claro que la creación de este nuevo ministerio es un gran primer paso para que la cosa cambie, para que la cultura tenga su propio puesto en el gabinete -ya sea junto a turismo, deporte o educación- y pueda participar directamente, con toma de decisiones, en la construcción de un mejor país para brindarle calidad de vida al panameño.

Y claro que en otros países se ha demostrado que la conexión es posible y da buenos resultados, y sin duda la idea es una maravilla por otras tantas razones.

Pero, lo siento, no es suficiente: solo es un primer paso -meramente burocrático-, así como lo fue en su momento la creación del propio INAC en 1974. Seguro que en aquel entonces, los hijos de la patria revolucionaria emocionados creyeron solucionar el problema, y hoy se comen la ilusión de antes al ver que el instituto solo sirvió para engrosar la planilla estatal y pagar favores políticos.

Entonces, ¿al final de qué vamos? ¿Yo, negativo? Puede ser. ¿Si tengo alguna propuesta? No sé si deba caer en el error de querer salvar el mundo, cuando parece que no hay vuelta atrás.

¿En verdad quiere saber lo que pienso? En Panamá lo que hace falta es una revolución sin manos, un juego de mentes, que nazca un panameñito limpio, fresco, inmaculado, libre de todo vicio y prejuicio.

El cambio que anhelamos, un desarrollo cultural digno, solo ocurrirá cuando los habitantes de este país sientan necesidad de contacto con las artes, cuando lo exijan. ¿Cómo llegamos ahí?

El día que usted entienda que el problema es suyo y debe exigir una respuesta, que los medios de comunicación asuman su responsabilidad para con la difusión cultural, que el gobierno de turno aporte la infraestructura y los agentes privados se metan al ruedo, que el sistema educativo incentive el amor por las artes y no obligue a través del castigo, que los padres de familia impulsen el deseo creativo de sus hijos y no lo repriman porque creen que esa es "una carrera de gays, libertinos, drogadictos, prostitutas, locos y buenos para nada"; cuando ese día llegue, la cosa cambia solita.

No, el ejemplo no es exagerado, solo hace falta creer que se puede.

Edición Impresa